
Cartel cinematográfico de la obra de Baroja
En un post anterior, en los inicios de este blog, hablamos de una gran obra como es ZalacaÃn el Aventurero, era una de las preferidas de PÃo Baroja, de las que el autor se sentÃa más orgulloso. Hoy queremos ahondar en ella. Teniendo en cuenta que entre su producción se encuentran obras maestras como El árbol de la ciencia, no es una mala presentación para esta novela de aventuras ambientada en la vida de las Vascongadas del cambio de siglo, del XIX al XX.
Ese orgullo proviene de lo bien logradas que están las escenas de aventuras y enfrentamiento, dando a la obra un ritmo constante e intrépido que lleva en volandas al lector.
Sin duda, ese era uno de los puntos de diferencia, el rasgo caracterÃstico de esta obra, frente a los clásicos de la misma época. Frente a la recreación de costumbres y ambientes que pregonaba la literatura del XIX, PÃo Baroja rompe esas cadenas y presenta una obra llena de dinamismo y acción, valiéndose para ellos de técnicas provenientes del folletÃn y el relato popular, que hacen del texto una pieza muy accesible y de lectura ágil, responsables, en gran medida, del éxito de público que obtuvo.
La construcción de los personajes, en especial de ZalacaÃn, está armada a lomos de las peripecias, enfrentamientos, buenas dosis de suspense, acción, secuestro y fugas, para no perder ni un ápice del vivo ritmo que mantiene de principio a fin. Esa fue una de las revoluciones que PÃo Baroja planteó frente a las literaturas previas.
Como ya mencionamos, la novela de aventuras de la que estaba tan orgulloso, rompÃa muchos de los moldes previos de lo considerado como alta literatura. Un cambio, un soplo de aire fresco, del que después bebieron muchos autores posteriores.
Moviéndose entre la picaresca, el aventurerismo y los encontronazos sentimentales, PÃo Baroja cierra su trilogÃa de las Tierras Vascas, reflejando costumbres y modos de entender la vida que debÃan mantenerse frente al desorden de la modernidad que traÃan los avances tecnológicos. ZalacaÃn es el paladÃn del hombre de acción, perfectamente retratado en la obra, y lo será a lo largo de toda su vida, recorrida de cabo a rabo en las páginas del libro.
Un hombre sencillo, pero de valores claros e inamovibles. Un náufrago que no quiera dejarse arrastrar por la corriente de la Historia. El representante de un modo de vida que ya agonizaba y que, al final de la obra, se llevará la vida del protagonista, a manos del resentimiento, el señoritismo y la inmovilidad.
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