Un mensaje imperial, el simbolismo de Franz Kafka
Existen varias formas literarias de reflejar la realidad. La primera y más sencilla es hacerlo de modo literal, tal como hacÃan –con salvedades- Gustave Flaubert, Benito Pérez Galdós, Honoré de Balzac y otros grandes escritores realistas del siglo XIX. Pero también puede hacerse de forma expresionista y simbólica, de tal suerte que, lo que parece ser una fantasÃa, resulta un retrato certero y agudo de aquélla. Y, cuando lo que se pretende mostrar es un mundo y una sociedad que se consideran absurdos y asfixiantes, esta última forma resulta más apropiada, pues, al exagerar determinados rasgos y cubrirlos de un halo simbólico, se obliga al lector a potenciar su capacidad de comprensión y, asÃ, captar mejor el mensaje que el autor trata de trasladarle.
Precisamente éste es el método compositivo del checo Franz Kafka (Praga, 1883-1924), novelista extraordinario que reflexiona en sus obras sobre la crisis existencial del hombre en el mundo moderno con una lucidez y originalidad que lo han elevado a la categorÃa de cuasi-mito literario. Y, por si ello fuera poco, actor principal en la renovación de las técnicas narrativas que se produjo a principios del siglo XX.
Para darse cuenta de ello, basta leer ‘La metamorfosis’, protagonizada por Gregor Samzsa, cuya transformación repentina en una criatura monstruosa de la que todos huyen simboliza, probablemente, la soledad del ser humano. O ‘El proceso’, cuyo protagonista –Joseph K.- se ve sometido a juicio sin saber nunca de que se le acusa y que evidencia la impotencia del ciudadano ante la enorme maquinaria del Estado moderno. O -por citar también su tercera gran novela- ‘El castillo’, soberbia crÃtica del aparato burocrático de aquél. Todas ellas muestran una visión simbólica y alucinante del malestar vital del hombre contemporáneo que desembocarÃa, tras la Segunda Guerra Mundial en el llamado Existencialismo.
Como estas grandes obras, el breve relato ‘Un mensaje imperial’ satiriza el gigantesco engranaje del Estado que subyuga al ciudadano. Un emperador moribundo encarga a uno de sus correos llevar un mensaje a los confines de sus tierras. Pero, cuando éste parte, tan sólo recorrerá una sala tras otra y luego nuevos palacios pero jamás llegará a su destino.
Bajo la inocente apariencia de una fantasÃa, lo que Kafka muestra en este cuento es la crÃtica a la burocracia estatal moderna, un gigantesco edificio que el ciudadano recorre, sala tras sala, sin llegar nunca a poder satisfacer su demanda, una enorme organización contra la que el hombre choca una y otra vez. El tono vehemente de su narración, además, contribuye a crear una atmósfera asfixiante acorde con el mensaje que Kafka trata de transmitir.
Podéis leer el relato aquÃ.
Fuente: Kafka.org.
Foto: Rlerdorf.
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