Cuando realizamos un viaje en algún transporte público, suele ocurrir que el vecino que nos toca en suerte busque conversación. A veces, nos apetece hablar pero otras preferimos mantenernos callados, pensando. Pero no hay forma, la otra persona habla y habla sin reparar en que nosotros respondemos con monosílabos y sin ganas.
En esto, que nos ha pasado a todos, parece haberse inspirado Hemingway para su relato Un canario como regalo, un cuento irónico cuyo mensaje es que, cuando hablamos con un desconocido, debemos tener cuidado con lo que decimos para no meter la pata.
Ernest Hemingway (Chicago, 1898-1961) es uno de los más grandes narradores del siglo XX. Curtido en el París bohemio de la mano de Gertrude Stein, escritora y mecenas de artistas, ha legado obras inolvidables como El viejo y el mar o Adiós a las armas.
Miembro de la gran ‘Generación Perdida’ norteamericana, en la que le acompañan novelistas e la talla de Scott Fitzgerald, Faulkner o Dos Passos, poseía Hemingway un temperamento especial que se refleja claramente en su obra: dotado de un fuerte carácter que –en palabras de un crítico- “sólo era capaz de descubrirse a sí mismo en una extraña confrontación con la adversidad”, sus personajes literarios más logrados alcanzan su grandeza en situaciones extremas.
Buena muestra de ello es Santiago, protagonista de la citada El viejo y el mar, un anciano que se revela fuerte y vigoroso en la lucha contra el pez que se resiste a ser pescado. O el Robert Jordan de Por quién doblan las campanas, que, en plena Guerra Civil española, debe hacer frente a una confrontación moral.
Sin embargo, el cuento Un canario como regalo difiere de los anterior. Se trata de un juguete irónico sobre la capacidad que todos tenemos para meter la pata cuando hablamos demasiado: una mujer coincide en el tren con el narrador y su esposa y, como todos son norteamericanos, pronto entabla conversación con ellos. Durante el viaje, aquélla repite constantemente que los mejores maridos son los estadounidenses. Pero, al final del trayecto, podremos comprobar que, según parece, no son tan buenos como ella creía.
Realmente, en el cuento no ocurre nada pero su final sorprendente nos deja un buen sabor de boca. Y no podemos dejar de destacar las descripciones impresionistas que el autor nos va haciendo de los escenarios que recorre el tren. Sin duda, Hemingway era también un maestro del relato breve.
Podéis leer el relato aquí.
Fuente: Biografías y vidas .
Fotos: Hemingway: Bobster855 en Flickr | Casa de Hemingway: Milan.boers en Flickr.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.