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Poesía
Poesía surrealista

Últimos cartuchos de Philippe Soupault

La guerra busca el buen tiempo
Gonzalo Valdivia Dávila
08:00h Lunes, 30 de marzo de 2009
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Philippe Soupault (1897-1990), poeta surrealista, amigo y colaborador de André Breton en la fundación de este ismo, escribe su poema Últimos cartuchos, dedicado al panorama de destrucción y muerte en Francia que se repetía sin cesar, a cada nuevo día, llegando al absurdo de matar y morir cuando la población había sido diezmada al máximo. En este tiempo de violencia y terror, habrá gente que tratará de llevar una vida normal en los cafés, jugando cara o cruz, como válvula de escape.

Andre Breton

Andre Breton

El buen tiempo es una ironía para un ambiente de desolación que se compara a la era del terror durante la revolución francesa en el poema, por la mención a las guillotinas. La destrucción no se disuade ni ante la belleza de la naturaleza. La guerra se traduce en una histeria colectiva, en un ansia de morir y matar que acaba con la civilización. Se vive una pesadilla con espacios de lucidez; mezcla de sueño y vigilia en tanto rasgo del surrealismo, en cuyo manifiesto fundacional participó Philippe Soupault.

La guerra es totalizante: Soupault usa la frase “la guerra empavesa cafés y las sonrisas de las damiselas” porque todos los espacios públicos están llenos de soldados y las mujeres tienen que sonreír a los militares que son los que juegan con la vida, por su poder de las armas. Este poema está en el poemario Poesías Completas (1937), aún no había estallado la segunda guerra en Europa pero ya se sentía en el ambiente por el recuerdo de la primera guerra, cuando Soupault era adolescente.

Como connotación del título, se están quemando los últimos cartuchos de la guerra porque su curso se reproduce implacable e insaciable a pesar de las muertes que genera.El objetivo de la guerra es matar a las poblaciones civiles, bombardear ciudades para hacer rendir al enemigo, su espacio favorito es la ciudad, por ello las ranas siguen cantando en los pantanos, mientras su hábitat no es tocado y sólo la ciudad es arrasada. Se mata solo por gloria de las armas y demostración de poder, llegando al absurdo.


La guerra causa malestar, un enrojecer de vergüenza entre los sobrevivientes que contemplan la repetición del ciclo de destrucción que no pueden detener. La noche tiene ojos y pupilas abarca todo con su vista y sus largas manos, mientras la guerra tiene su parafernalia de marchas, música y banderas que la actualizan y repiten como un funesto espectáculo. El mundo sigue girando y la población sigue muriendo, incluso esperan ese final, la resignación empaña sus vidas mientras esperan el desenlace del conflicto.

La gente combate a la tristeza: La población grita, ruge, se enfurece, presencia entierros colectivos, paradójicamente hace buen tiempo porque la naturaleza impone su belleza, hay desánimo y baja autoestima, pues el yo poético se encuentra feo en el espejo. Lo que está más ornamentado es el cementerio, por la abundancia de coronas fúnebres, los vivos marchan pálidos y quienes buscan evadirse tratan de distraerse en los cafés a pesar de la desgracia para no opacar todo su impulso vital.

El impulso de la destrucción nubla todo en la ciudad, es el predominio del Tánatos en una guerra que se prolonga hasta el absurdo. Siempre los surrealistas estuvieron contra los nazis, en quienes veían el embrutecimiento de la sociedad por el triunfo de su tiranía, poetas como Robert Desnos e intelectuales de la Resistencia como Jean Moulin fueron arrestados y llevados a campos de concentración. El arte al intervenir sobre la guerra no hace política, lo que hace es defender la vida por la mímesis de la naturaleza.

Máscara de André Breton

Máscara de André Breton

La distracción de los sobrevivientes es dudosa pues juegan al cara o cruz, buscando ver su destino, como si en el lance de la moneda apostaran su vida, que es lo único que les queda. Estos simples juegos, que son la única salida al terror están opacados por la música de la guerra y las marchas de soldados abanderados a los que hay que inclinar la cabeza si se quiere seguir viviendo. Para esta época, autores socialistas como Soupault consideraban al fascismo y la guerra el enemigo de la sociedad y los obreros.

El buen tiempo: Desde tiempos del realismo de Flaubert, el buen tiempo ha sido una forma de oponer la inmutabilidad de la naturaleza a la contingencia en la vida humana. Un ejemplo es el sol que sale durante el entierro de Emma Bovary, frente al sufrimiento de Charles, su marido. No es un recelo contra la “indiferencia” de la naturaleza, solo es un indicador de que ella es, al margen de la historia del hombre, como tiene que ser por el orden cósmico. La natura está en el ser de las cosas en su sabio equilibrio de la vida.

La guerra y la destrucción buscan este buen tiempo, como para aprovechar ventajas técnicas, luz, visibilidad, y oprimir más a las poblaciones atacadas al malograrles el día con la tragedia. El campo de batalla sería un espacio digno si sólo se midieran los ejércitos, pero la muerte se extiende a la gente indefensa, que tiene la mala suerte de estar ahí, en el momento menos favorable. El poeta trae un aire de extrañeza e inseguridad al poema, la irrupción del destino para quienes no pueden elegir.

El buen tiempo busca amonestar al hombre que ocasiona la destrucción, señalando que la generación que causa y sufre la guerra pasará, pero el mundo seguirá moviéndose mucho tiempo más. La continuación de la vida que supone el orden inalterable del mundo expresa que las nuevas generaciones se preocuparán por entonarse a este movimiento del mundo, que ha significado solidaridad con la vida y mantenerla en un curso natural hasta su tranquila consumación, sin que intervenga la violencia ajena.

Conclusión: Soupault revive la angustia de las ciudades devastadas por la guerra en su poema Últimos cartuchos, que instala la situación de extrañeza de la reproducción de la muerte y la guerra simultánea a la aniquilación de la vida. Los personajes son seres sobrevivientes, indefensos, que no tienen recursos para evitar la tragedia; incluso sus mínimos escapes a la tensión y la angustia, como las reuniones en los cafés están ensombrecidos por la presencia de soldados y la parafernalia de la guerra.

Descarga de Los últimos cartuchos

Imagen Bretón: Claudio Elias en Wikipedia
Imagen Máscara: Perky en Wikipedia

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