Es un rasgo muy común entre los integrantes de la Generación del 27 la alternancia entre poesía tradicional y poesía de vanguardia. En efecto, el carácter culto de casi todos ellos hacía que estuviesen al tanto de las nuevas corrientes poéticas y las pusiesen en práctica. Pero, a la par, nunca desdeñaron la gran tradición lírica hispana y todos ellos presentan obras basadas en las formas tradicionales. Tanto Lorca como Alberti, Cernuda o Aleixandre, por mencionar solamente a algunos de estos poetas, realizaron incursiones en las formas más clásicas de la tradición lírica (valga como muestra el ‘Romancero gitano’, del primero de ellos).

Monumento a Gerardo Diego en Madrid
No obstante, si hubiera que señalar un poeta que llevó esta doble vertiente a su máxima expresión, tendríamos que citar, sin duda, a Gerardo Diego (Santander, 1896-1987), autor de ‘Revelación’. En efecto, el poeta cántabro alternó ambas tendencias e incluso, en algunos momentos, las practico simultáneamente.
Diego fue profesor de Literatura en centros de enseñanza secundaria y autor de una antología de sus compañeros del 27, así como de otra del inspirador de la generación, Luis de Góngora. Ha recibido numerosos premios, como el Nacional de Literatura –ex aequo con Alberti- y el Cervantes, y entró a formar parte de la Academia de la Lengua en 1947.
La poesía del cantabro sorprende, en primer lugar, por la variedad de tonos, temas y estilos. Él mismo lo reconocía al afirmar: ‘Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela –nueva- para mi uso particular e intransferible’.
Pero, como decíamos, la principal característica de su obra es que presenta dos direcciones: la poesía de vanguardia y la poesía clásica o tradicional, ambas cultivadas de modo paralelo, aunque con un progresivo dominio de la segunda sobre la primera.
Así, tras un primer libro –‘El romancero de la novia’ (1918)- impregnado de tonos becquerianos y en el que resulta inevitable ver la influencia del Juan Ramón Jiménez de la primera época, Diego se consagra como el principal representante en España del Creacionismo.

Universidad de Deusto, donde estudió Gerardo Diego
Este movimiento de vanguardia fue iniciado por el chileno Vicente Huidobro en París y propugnaba un arte que ‘no imite ni traduzca la realidad’. El resultado es una poesía basada en el juego casual de las palabras y con unas imágenes que no se apoyan en la comparación entre dos realidades, sino que éstas se relacionan de modo arbitrario, gratuito, por voluntad del poeta.
A este periodo creacionista del cántabro corresponden los libros ‘Imagen’, ‘Manual de espumas’, ‘Fábula de Equis y Zeda’ y ‘Poemas adrede’. No obstante, en esos mismos años y posteriormente, también escribe poemas de corte tradicional, publicados en distintos volúmenes. Así ‘Versos humanos’, en el que aparecen, con tintes machadianos, las tierras de Soria; ‘Viacrucis’ y ‘Versos divinos’, que son muestra de una inspiración religiosa poco frecuente en su generación; y, sobre todo, ‘Alondra de verdad’, un excepcional conjunto de sonetos.
Tras la Guerra Civil, Gerardo Diego ha seguido su camino, un tanto ajeno a las corrientes poéticas en boga y abandonando de forma progresiva los experimentos vanguardistas para centrarse en la poesía clásica, mucho más humana. De esta época son ‘Biografía incompleta’, ‘Paisaje con figuras’ y ‘La suerte o la muerte’ (en la que canta al mundo del toro).

Vicente Huidobro, iniciador del Creacionismo
Si hubiera que utilizar algún calificativo para describir la obra poética de Diego, éstos serían los de variedad, gracia y perfección. Una gran maestría técnica y un profundo conocimiento de los recursos poéticos y del lenguaje caracterizan su obra, tanto la clásica como la de corte vanguardista. Y, además, personifica como pocos en su generación la síntesis entre tradición y renovación.
Dentro de su amplia obra, El poema ‘Revelación’ hunde sus raíces en la vertiente clasicista de Diego. Pertenece al libro ‘Alondra de verdad’, publicado en 1941 y responde a su gusto por el soneto, estrofa en la que es un verdadero virtuoso. En este poema, el autor canta a las tierras sorianas, evocando la Numancia heróica a través de sus solitarias ruinas. Y, en aquella tranquilidad, todo –la luz, la transparencia, el inesperado canto de un pájaro- proporcionan una sensación de cercanía a la divinidad por intercesión de la naturaleza.
La relación con Machado es inevitable. Nadie ha cantado a las adustas tierras sorianas como él. Y lo primero que debemos decir es que Diego resiste la comparación. Su soneto no desmerece en absoluto de las grandes creaciones del poeta sevillano. No obstante, en Machado sentimos una tristeza, una melancolía que no percibimos en el poeta cántabro. En aquél, la presencia de Leonor se halla siempre en el sustrato de sus poemas, y, quizá de ahí ese sentimiento; mientras que, en Diego, la vinculación a esa tierra es menor y ello se aprecia en lo sentido del poema.
Y no es que el soneto del cántabro no traspire emoción. Muy al contrario, ésta aparece y va ‘in crescendo’ a lo largo de todo el poema. Pero no logramos captar esa honda melancolía, esa humanidad, al fin y al cabo, que sí percibimos en los poemas machadianos.

Academia de la lengua, donde Diego ingresó en 1947
De cualquier modo, se trata de un hermosísimo soneto, desarrollado con una técnica poética portentosa y que se ajusta a los cánones básicos de la poesía clásica, incluso en lo referente a la rima, que es consonante y ajustada a estas normas. El léxico utilizado arroja luminosidad a las palabras del poeta –’diafanidad’, ‘luz’-, de tal modo que parece que estamos viendo a pleno brillo la abandonada colina soriana, donde un día un pueblo heroico resistió al invasor.
Por último, señalemos que Gerardo Diego, en sus últimos años, ejerció el padrinazgo de poetas noveles, a quienes ayudó y aconsejó en sus inicios literarios y que su magisterio ha perdurado hasta las generaciones más recientes, tanto en aquellos líricos que muestran una vena clásica como en otros cuya meta es la experimentación.
Fotos: Monumento a Gerardo Diego: Ecemaml en Wikipedia | Universidad de Deusto: Fernando Pascullo en Wikipedia | Vicente Huidobro: Rec79 en Wikipedia | Academia de la Lengua: Ecemaml en Wikipedia

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