Novela
Las perversiones de la sociedad inglesa

Regreso a Howards End, de E.M. Forster

Dos personajes contrapuestos que evidencian la lucha entre el dinero y la cultura en un mundo dominado por la diferencia de clases
Andrea Jaén
09:23h Domingo, 14 de agosto de 2011
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Regreso a Howards End no solo es el título de la película que lanzó la carrera de Emma Thompson gracias a su interpretación en el filme de James Ivory, sino que se trata de una de las novelas más importantes del escritor británico Edward  Morgan Foster, pues se trata de una obra que escribió en su etapa madura. Publicada en 1918, Regreso Howards End vuelve a visitar algunas de las preocupaciones más recurrentes de la bibliografía de Forster, como veremos a continuación.

Escena de la película de James Ivory.

La historia pone en escena a las hermanas Schlege, dos mujeres independientes y libres que comienzan una amistad con la familia Wilcox. Margaret, una de las hermanas, y Henry Wilcox empezarán una historia de amor que se verá truncada por sus diferencias de carácter. Ambas familias decidirán no verse nunca más, pero no podrán oponerse a los azares del destino, que volverán a reunirlos bajo el mismo techo. De ahí que el título se refiera a ese ‘regreso’ a Howards End. Recogiendo la senda iniciada con Pasaje a la India y Una habitación con vistas, Forster se acerca a una de sus principales preocupaciones: las diferencias sociales. Sin embargo, esta novela establece un vínculo más cercano con Pasaje a la India, pues se aleja del prototipo de novela romántica que domina la estructura de Una habitación con vistas para retratar las las estructuras de dominación en el seno de la sociedad inglesa con toda su crudeza.

De este modo, el lector detectará una denuncia directa hacia los abusos de poder de las clases dirigentes, irresponsables y frívolas, que no dudan en utilizar y arruinar la vida de aquellos que se sitúan por debajo en pro de sus intereses. Henry Wilcox será el mayor exponente de la tiranía del sistema de clases y Margaret Schlege la mujer liberal que de pronto se verá inmersa en un mundo que le horroriza pero del que debe participar, ocultando los trapos sucios con sumo cuidado. Como se desprende de la puesta en escena de estos dos personajes, la diferencia de clases no será la única dicotomía de la que se servirá el autor, pues uno de los mayores atractivos de la novela es la puesta en escena de dos sensibilidades contrarias, prácticamente arquetípicas en su concepción.

En principio radicalmente opuestos, Margaret y Henry deberán aprender a entenderse. Y es que ella es una intelectual, un ser libre que valora la cultura por encima de todo, de un modo casi espiritual. Él, al contrario, es el modelo del capitalita de manual: pragmático, materialista, implacable y parco en emociones. La cultura, para él, no es más que un mero complemento. Ambos arquetipos se odian y se aman a lo largo de la novela, sus destinos se cruzan y se separan… pero finalmente coseguirán fusionarse de manera equilibrada. ¿Cómo? Esa es una respuesta que solo puede desprenderse de la lectura del libro.

Lo que sí podemos decirte es que en la base de la novela subyace una de las preocupaciones elementales de E.M. Forster: la necesidad de combatir el materialismo de la clase media a través de la cultura.

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