Casi todos los escritores tienen una fuerza motriz que confiere base y unidad a su obra. Es un elemento esencial, presente en toda ella, que, generalmente, se identifica con el mensaje que tratan de transmitir. Así, para unos es el paso del tiempo, para otros las fuerzas ocultas que mueven el mundo, o para unos terceros el sentido de la existencia, por poner sólo tres ejemplos.

Paul Auster
En el caso de Paul Auster, está fuerza es, probablemente, el azar, la casualidad, es decir, los inesperados vuelcos que provocan en la vida circunstancias aparentemente sin importancia y fruto de coincidencias. Todos nos hemos preguntado alguna vez, por ejemplo, qué hubiera ocurrido si hubiese aceptado aquella oferta de trabajo, cómo habría cambiado mi vida. Esto es lo que muestra el norteamericano en sus obras.
Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 1947) es, en este sentido, un escritor filosófico. Sus obras nos hacen pensar, no es literatura de evasión sino de reflexión. Su vida es la de un aventurero. Huyó de su país para evitar ir a la Guerra de Vietnam, refugiándose en Francia. Más tarde trabajó en un petrolero y siempre intentó introducirse en el mundo del cine como guionista, lo cual lograría siendo ya un escritor consagrado. Junto a ésta, su otra gran pasión es el béisbol.
Su primera novela, Jugada de presión, es, no obstante, de tipo policíaco, al estilo de Raymond Chandler. Con ella y algunas más, va curtiéndose como narrador y llegan obras de mayor calado.
Así, Ciudad de cristal, la primera de la llamada Trilogía de Nueva York, basada en un hecho real acontecido al autor: una llamada a medianoche preguntando por una agencia de detectives a la que Auster respondió que estaban equivocados –de nuevo la casualidad: ¿qué habría pasado si hubiera respondido que era allí?-. O Leviatán, en la que un personaje escribe sobre un muerto aparecido en una cuneta y que resulta ser un antiguo novelista de éxito fugaz.
Posterior es Brooklyn Follies, aparecida en 2005. Nathan Glass se refugia en ese barrio de Nueva York, abandonado por su esposa y esperando la muerte. Allí se reencuentra con su sobrino Tom, que también se ha rendido: renunciando a sus ilusiones, se ha resignado a malvivir, esperando que un día su destino cambie. Ambos se acompañan en su desgracia.

El escritor durante un homenaje
Un día, aparece en sus vidas Lucy –una vez más, la casualidad-, una niña, hija de su hermana que, traumatizada, se niega a desvelar el paradero de su madre. Glass y Tom se verán obligados a abandonar su apatía para dedicarse a buscar a la mujer.
La obra contiene, a pesar de su sencillez, casi todos los elementos de la narrativa de Auster: la inevitable casualidad, un protagonista solitario, abundantes digresiones y un estilo sencillo pero tras el que se oculta un arduo trabajo.
Podeis leer la obra aquí.
Fotos: Paul Auster: PEN American Center en Flickr | Homenaje: Dedica Festival en Flickr

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2 Comentarios en “Paul Auster y la importancia del azar”
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