A veces, escribir literatura resulta peligroso. Algunas personas poderosas pueden sentirse aludidas y tratar de tomar represalias. Le sucedió a ‘Clarín’ con la publicación de La Regenta y, sin salir de Asturias, también a Pérez de Ayala con sus novelas Tinieblas en las cumbres y A.M.D.G.
Y no es de extrañar, ya que esta última es una crítica inmisericorde del ambiente y la educación de los colegios de Jesuitas, que el autor tan bien conocía por haber estudiado en ellos durante su infancia.
Ramón Pérez de Ayala (Oviedo, 1880-1962) se inscribe en lo que se conoce literariamente como Novecentismo o, con peor fortuna, como Generación de 1914 y que constituye el eslabón intermedio entre la del Noventa y ocho y las Vanguardias estéticas.
Se trata de la misma a la que pertenecen el poeta Juan Ramón Jiménez y el filósofo José Ortega y Gasset, máximo teórico de la estética del momento, que concibe el Arte en general y la Literatura en particular como juego intelectual, pleno de cualidades eruditas y estéticas pero también ajeno a los problemas inmediatos –‘deshumanización’ es uno de los conceptos más usados para definirlo- y que, por tanto, resulta muy distinto al regeneracionismo de los autores anteriores.
Partiendo de esta premisas, podría considerarse a Pérez de Ayala uno de los máximos exponentes de la nueva literatura. Así, sus escritos presentan un estilo denso –utilizando una expresión gráfica, diríamos que pastoso- en el que la ironía y la gravedad conviven y que posee en la paradoja uno de sus grandes instrumentos.
Todo ello se aprecia en el artículo titulado Panteísmo asturiano, que constituye una muestra de regionalismo según el modo de entenderlo de los novecentistas. Tras un somero análisis del paisaje y del modo en que éste influye en el carácter de sus habitantes, Ayala trata de buscar las claves intelectuales de la idiosincrasia de éstos, para terminar exaltando a algunos de sus colegas –‘Clarín’, Palacio Valdés y Campoamor- que constituyen “las más bellas floraciones del pensamiento artístico contemporáneo”.
En la línea de lo propuesto por Ortega, este texto no deja de ser un juego del intelecto, una reflexión momentánea del escritor, que trata de discernir las esencias de su tierra asturiana, del carácter de sus habitantes y, en último término, del suyo propio como hombre nacido en esa comunidad. Y todo ello combinando esa mezcla de ironía y gravedad que mencionábamos y que se halla presente en toda su obra.
Podéis leer el artículo aquí.
Fuente: Biografías y vidas.
Fotos: Catedral de Oviedo: Ppblasi en Arte y fotografía | Museo del Prado: Losmininos en Flickr.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.