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Clásicos universales

‘Nuestra Señora de París’, de Víctor Hugo

Una versión del tema de la bella y la bestia
Luís Martínez González
21:43h Martes, 04 de agosto de 2009
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El Romanticismo francés cuenta con algunos de los nombres más destacados de la Literatura Universal: Alejandro Dumas, Lamartine, Vigny o Musset configuran una etapa esplendorosa en las letras galas. Pero, sin duda, la gran figura de este movimiento en aquel país es Víctor Hugo.

Víctor Hugo

Víctor Hugo

Llamado por algunos críticos ‘el hombre océano’, por su abundantísima producción literaria, Hugo había escrito, con tan sólo catorce años, ‘seré Chateaubriand o nada’. Y no cabe discusión de que lo logró, es más, dejo a su modelo a años luz de distancia en cuanto a calidad y a cantidad de su obra.

Víctor Hugo (Besançon, 1802-1885) fue lo que hoy calificaríamos un niño prodigio: con dieciséis años publicó su primera obra y, con dieciocho, escribió su ‘Han de Islandia’, obra maestra del Romanticismo. Desde ese momento, nada se movió en la Literatura francesa sin la participación de su genio. Ni tampoco en la política. Su admiración por Napoleón fue tan grande como su desprecio por su sobrino Luis, creador del Segundo Imperio, al que llamaba ‘Napoleón el chico’ por contraste con su tío, ‘el grande’ y al que combatió desde el exilio en Guernesey (Inglaterra).

Autor lírico, dramático o narrativo, sus obras teatrales suponían sonoros triunfos sociales y sus novelas grandes éxitos de ventas. Cuando murió, la manifestación de luto nacional que se produjo revelaba claramente que era el poeta nacional de Francia por excelencia.


Con todo, su producción narrativa es menos extensa que la teatral, aunque de extraordinaria calidad. Sólo ‘Los miserables’, el gran retablo de la Francia de inicios del XIX, presidida por la magna figura del presidiario Jean Valjean, paradigma del hombre bueno al que ni las circunstancias más adversas son capaces de cambiar, hubiera bastado para otorgarle un lugar preminente en la Literatura universal.

‘Nuestra Señora de París’ (1831), por su parte, es una novela romántica en todos sus elementos: el marco histórico medieval, los protagonistas marginales, el dramatismo e incluso su desenlace.

En ella se nos presenta a la gitana Esmeralda, de la que está enamorado el archidiácono Frollo. Éste ha adoptado a Cuasimodo, un pobre jorobado que ejerce como campanero de Notre Damme. Por orden de aquél, el jorobado rapta a Esmeralda. Entonces interviene el capitán Febo de Cháteaupers, que la rescata y lleva a Cuasimodo al suplicio público. Mientras éste se produce, la gitana sube al patíbulo y da agua al jorobado.

Catedral de Nuestra Señora de París

Catedral de Nuestra Señora de París

Pero Frollo, celoso del capitán, lo apuñala mientras está con Esmeralda y, aunque sobrevive, se condena a la gitana a la horca. El jorobado, enternecido por la conducta hacia él de Esmeralda y enamorado de ella, la rescata del cadalso de forma espectacular y la lleva a la iglesia, acogiéndose así a sagrado, terreno inviolable para las autoridades.

No obstante, el malvado Frollo no está dispuesto a renunciar a ella y le da a elegir entre su amor o entregarla a las autoridades. Ante la negativa de ésta, la pone en manos de la justicia. No desvelaremos el desenlace, pues restaría emoción a la lectura de la obra.

Como decíamos, la novela tiene todos los ingredientes del Romanticismo. Incluso Hugo acentúa la bondad del pobre jorobado y la maldad del archidiácono, para incidir en nuestra sensibilidad y reforzar así la intensidad dramática. Pero, al margen de ello, nos atrevemos a decir que se trata de una obra atemporal y universal.

Fotos: Víctor Hugo: Mschlindwein en Wikipedia | Catedral de Nuestra Señora de París: Quadell en Wikipedia

Comentarios (6)

  • zulma
    02:29 28 septiembre 2009

    la novala me encanto
    nos enseña ano despreciar alas personas discapacitadas por q ellos nesecitan de nuestro apollo

  • Anónimo
    13:09 4 noviembre 2009

    jajajajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!! buenisimo

  • liliana
    00:49 18 diciembre 2009

    no es lo que yo necesito por favor el argumento de nuestra señora de paris no puede ser posible

  • yesica
    17:32 4 enero 2010

    la novela me parecio del todo muy interesante porque demuestra muchas cosas que nosotros vivimos constantemente con la lucha contra aquellas discriminaciones que surgen en el mundo ste tipo de novelas ns hacen ver la realidad en el mundo y las cosas que nsotros como seres humanos podmos cambiar

  • Nenya
    14:58 27 septiembre 2010

    ¿Cómo? ¿¿Que Victor Hugo “acentúa la bondad del pobre jorobado y la maldad del archidiácono”?? Bueno, eso quizás ocurra en la película de Disney (excelente, por cierto), pero desde luego no en la novela: Frollo y Quasmiodo son personajes llenos de matices. De hecho me sorprendió la bondad y paciencia intrínseca del archidiácono (antes de que enloqueciera); es un personaje que inspira piedad, no rechazo. En cuanto a Quasimodo, no es la bondad absoluta, sino que simplemente, ” devolvía lo que recibía” : odio por odio contra la sociedad. La belleza del personaje radica en que si recibe algo diferente ( cariño y cuidado de Frollo, compasión de La Esmeralda), también es capaz de devolverlo con creces.
    También me sorprendió la estupidez y vacuidad de Febo. Por dios que hombre más insoportable. Y lo peor es que el mundo está lleno de ellos ;)

    un saludo

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