Nuestra señora de París no es otra que la archiconocida catedral de Notre-Dame, situada en el distrito cuarto de la capital francesa. Cada día recibe la visita de numerosos turistas e interesados en el estilo gótico. Pero, además de como monumento artístico inconfundible e inspiración para múltiples artistas, Notre-Dame es también célebre por ser el hogar imaginario de uno de los personajes de ficción más famosos del mundo: el jorobado creado por la pluma del francés Víctor Hugo.
El popular escritor, arruinado y recién divorciado, recibe el encargo de escribir sobre la relación entre Quasimodo, un jorobado sordo y Esmeralda, una exótica y bella gitana. La escritura del manuscrito le llevaría unos meses en los que Víctor Hugo perdería incluso la salud, llegándose a obsesionar con su obra según cuenta la leyenda. Sin embargo, el éxito del libro no tuvo parangón, convirtiéndose la relación entre Esmeralda y Quasimodo en otro de los ejemplos de uno de los arquetipos modernos más reconocibles y que será repetido hasta la saciedad: la historia de amor entre una bestia y una mujer bella.
Quasimodo es un feo y deforme ser que vive escondido en la Catedral y que se encarga de hacer sonar las campanas. El archidiácano Claude Frollo es el responsable de su tutela que, haciendo gala de su maldad y su desprecio por la condición humana, pide a su discípulo que rapte a Esmeralda, una gitana por la que siente una atracción improcedente en un hombre de su condición. Quasimodo ejecuta al secuestro, pero en el intento es sorprendido por Febo de Châteaupers, quien lo somete al maltrato público. Es en este momento cuando la dulce Esmeralda acude al espectáculo para dar de beber al jorobado. Entre ellos surgirá entonces una tierna amistad. Frollo, enfadado por su intento fallido de secuestro, cae en la cuenta de que Esmeralda y Febo están enamorados, por lo que empieza a preparar un plan maligno para apropiarse de la mujer. No te vamos a contar el desenlace (que no tiene desperdicio y, además, nada que ver con la edulcorada versión Disney), porque llegados a este punto seguro que te apetece descubrirlo por tí mismo.
Nuestra señora de París es un buen ejemplo de lo que supuso para la literatura francesa la corriente conocida como el Romanticismo. Los sentimientos se ponen de relieve en detrimento de la razón. Así, los personajes marginales como puedan ser Quasimodo y Esmeralda son aquellos seres intrínsecamente buenos y de sentimientos puros. Por el contrario, aquellos que ostentan el poder desde la razón institucionalizada son fuente de perversión y sentimientos torcidos, como es el caso de Frollo; o incurren en la injusticia o el equívoco, como hace el “justiciero” Fedo. Además de unos personajes que se sitúan al borde de lo socialmente aceptado por la norma, la novela cuenta con otros elementos interesantes y puramente románticos: una historia de pesimismo y amores imposibles, un final dramático… y una fuerte ambientación medieval donde priman las descripciones detalladas de la época y que son uno de los mayores tesoros del texto de Víctor Hugo
Ilustración por Alfred Barbou en Wikipedia Commons

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
Es importante que el arte de la LITERATURA, que como fruto de la inspiración de los connotados escritores, que a través de la historia de este acendrado quehacer, siguen refulgentes en el pensamiento como en el espíritu de los lectores que aman la exquisitez de sus producciones, ya que, son paradigmas, que en todas las épocas abrazan los sentimientos de hombres y mujeres, que a través de la contemplación buscan en cada género literario, la albura de sus sentimientos.
Por eso, me permito felicitarles por esta publicación, que sin temor a equivocarme, tienen la acogida de un público mayoritario, que aman los buenos textos, que enriquecen a más de su léxico, sus nobles sentimientos.