Un poeta es siempre un poeta, aunque escriba un ensayo y hable de algo tan prosaico como la política. Su estilo será siempre lírico, repleto de hermosas e impactantes imágenes, de musicalidad y de apasionamiento. Nunca podrá evitar que su espíritu sensible asome tras los renglones de su obra.
Claro que esto sucede solamente con los grandes poetas y José Martí lo fue. Nacido en La Habana en 1853, pertenecía a una familia española de escasos recursos, pese a lo cual pudo obtener una buena formación. Desde muy joven se adhirió a grupos independentistas y, desde entonces, su vida se desarrollara permanentemente entre cárceles, exilios y retornos a Cuba. Durante uno de los segundos, vivió en España y estudio Derecho y Filosofía y Letras, llegando incluso a estrenar una obra de teatro titulada Adultera.
Martí se convirtió muy pronto en ideólogo de la independencia cubana. Pero sus intenciones iban más lejos. En ensayos como Nuestra América, propugna todo un ideario de identidad propia para el continente. No se centra, como otros independentistas en exaltar el carácter peculiar y las excelencias del ser nativo, sino que propone todo un programa –acertado o no- de regeneración política y cultural para Latinoamérica.
El cubano realiza una afirmación del hombre americano, pero siempre para diferenciarlo del tipo de persona creado por el colonialismo –en sus palabras, ‘éramos una mascara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España’-, con objeto de defender un retorno a los valores indígenas, que constituyen la verdadera esencia americana y lo que confiere unidad al continente, elemento esencial a su juicio para su prosperidad.
No es, por tanto, Nuestra América un himno romántico a un pasado glorioso, sino un modo de exaltar los valores autóctonos que, para él, habían sufrido un proceso de inversión con el dominio colonial, que había estrangulado su desarrollo colocando en su lugar costumbres y modos de vida ajenos a ellos y que provocaron su perversión cuando no su desaparición.
Sin entrar a juzgar sus ideas, que -acertadas o no-, sin duda, eran honestas y sinceras, es indiscutible que Martí era un extraordinario escritor. Considerado precursor del Modernismo, incluso en su prosa se aprecian las cualidades que hacen magnifica su lírica: colorismo, metáforas inéditas, musicalidad y belleza exquisita. Todo ello acompañado por un tono sugerente. Como decíamos, un poeta es siempre un poeta aunque escriba en prosa.
Podéis leer la obra aquí.
Fotos: José Martí: Javier Hernández Miyares en Flickr | Monumento a Martí: Leandro´s World Tour en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
Este hombre es un terrible farsante, no sabe de lo que habla. Yo soy cubano recidente en Estados Unidos, y les digo con el corazón que este tipo es mentiroso!!
FIDELISTA HATA LA MUERTE!!