Los sesudos intelectuales acostumbran a cometer un grave error a la hora de analizar la poesía. Tienden a rechazar la que es sencilla y canta a las inquietudes normales de las personas y a encumbrar aquélla otra que es críptica, es decir, tan sumamente culterana que nadie es capaz de comprenderla.
Sin embargo, los más extraordinarios poetas han militado en las filas de la primera. Desde fray Luis de León hasta Antonio Machado, pasando por Lope de Vega o el mejor Góngora –el de los sonetos-, han sido muchos los grandes líricos cuyo rasgo primordial es la sencillez. Además, ésta es, en muchas ocasiones, fruto de mayor trabajo poético que la complejidad, pues requiere una depuración más profunda.
Por todo ello, el trabajo de autores como José María Gabriel y Galán (Frades de la Sierra, Salamanca, 1870-1905) merece una atención que casi nunca se le ha brindado. Maestro de profesión, aunque vivió durante un breve periodo en Madrid, la gran urbe no iba con su carácter eminentemente rural –‘Modernópolis’ la llamaba- y, por ello, pasó casi toda su corta vida en el campo.
De acuerdo con su carácter, su poesía canta al mundo campesino tradicional, a la familia o a la religión. Es una lírica sencilla en el mejor sentido de la palabra: huye de grandilocuencias y grandes palabras para expresar lo verdaderamente importante de la vida. No hallaremos en ella ni profundidades filosóficas ni ideologías políticas, sino la exaltación de la vida sencilla de un hombre de campo que tiene todo lo que anhela.
Idéntica sencillez se aprecia en sus formas, puramente tradicionales, que introducen, además, términos de la fonética y el léxico dialectal de su tierra y, en este sentido, constituyen una fuente importante de estudio lingüístico. Los poemas contenidos en El Cristu benditu son buena muestra de ello.
En la composición titulada Mi vaquerillo, Gabriel y Galán canta a la figura del pastor que, aún niño, debe cuidar el ganado en la soledad del monte, tanto en invierno como en verano. El poeta se compadece de la dura vida del muchacho, que le recuerda a su hijo. De gran belleza son las descripciones de la naturaleza agreste de la montaña en cada estación, que muestran extraordinaria sensibilidad, así como la ternura con que el autor compadece al chico.
En una época dominada por el Modernismo, de gran altura literaria pero a veces un poco excesivo, también se agradece releer la poesía sencilla de Gabriel y Galán que canta a las cosas verdaderamente importantes de la vida.
Podéis leer la obra aquí.
Fotos: Volumen de las obras de Gabriel y Galán: Alfaraz en Flickr | Piedrahita: Chaluco en Wikipedia

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
despues de un monton de años y recordando mi niñez me he encontrado la poesia mas bonita que he leido en mi vida, cuantas horas de querer recordarla entera y no podia se me olvidaban algunos versos, y grata satisfación reencontrarme con ella y deleitarme leyendola, es una preciosidad,lastima que no se dibulge en esta epoca y no se aprecien los valores de aquel entonces tan respetuoso y tan humano.