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Novela Histórica

‘Memorias de Adriano’ de Marguerite Yourcenar

La conquista del pensamiento crítico
Gonzalo Valdivia Dávila
08:00h Martes, 10 de marzo de 2009
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Memorias de Adriano

Memorias de Adriano

Voy a comentar la novela Memorias de Adriano (1951) de Marguerite Youcenar (Bruselas, 1903- Estados Unidos, 1987) traducida por Julio Cortázar, que mantiene el lirismo, profundidad de reflexión y pensamiento crítico de este emperador Romano de origen hispánico, gran conquistador militar, hombre cultivador de las artes y letras, personaje controvertido y humano en su afán de experimentar en los placeres y cultos religiosos de su época, también analizó la ideosincracia de los pueblos que vencío.

Marguerite Yourcenar al igual que Gustave Flaubert se documentaba en fuentes históricas de los personajes que destacaba en su ficción, así en tanto texto literario no pretende quedar en la mera crónica de campañas militares y conquistas de ciudades, sino reconstruir al hombre en tanto gobernante, guerrero, devoto y amante en su camino hacia la muerte, poetizando sobre su filosofía de vida, sus convicciones y ética en el mundo que le tocó vivir y su perspectiva como emperador más poderoso de su tiempo.


La propedéutica del buen gobierno
En esta novela, el Emperador Adriano (76-138 d.C.) se dirige a su primo y sucesor Marco Aurelio (121-180 d.C.) en un relato de sus memorias como estadista, filósofo, artista y hombre de mundo, a fín de que el sucesor tome nota de los aciertos de su predecesor, en la difícil responsabilidad de llevar a cuestas el destino del imperio más grande de la antigüedad. Es asombroso como la ficción crea en Adriano un antecesor de Nicolás Maquiavelo en el espíritu didáctico y crítico de una obra como ‘El Príncipe’.

Este emperador no trataba solo de sojuzgar pueblos sino de asimilarlos a la cultura greco latina, aprovechar de las costumbres de los vencidos las que permitan el buen gobierno y un entendimiento de Roma con sus provincias. Adriano heredó el cargo del emperador Trajano, su mentor y al dirigirse a Marco Aurelio intenta mantener el status quo de Roma como potencia, considerando que la esclavitud es necesaria para el imperio porque podrían haber peores formas de servidumbre.

El tiempo de Adriano es anterior a la Constitución de Justiniano (483-565) que fue el tránsito a la humanización de las leyes de este vasto imperio. Adriano advierte del precio de la gloria y el poder a Marco Aurelio, al confesarle que la intensa vida de guerras, conquistas, amores bisexuales y manejo del gobierno lo han llevado a morir pronto de una hidropesía al corazón. El recuento ficticio es un balance de la imagen pública del emperador moribundo y una revelación de sus talentos secretos.

El pensamiento crítico sobre el mundo

Marguerite Yourcenar

Marguerite Yourcenar

Roma fue la potencia encargada de modelar y transmitir el logos de la
cultura occidental, heredado de los griegos al resto del mundo. Adriano es hijo de su tiempo y también un hombre cultivadísimo, pragmático cuando es necesario, se da un tiempo para meditar sobre la historia y el porvenir del imperio que expandió como estratega militar o recuperó del poder de insurgentes como el caso de Jerusalén, Siria y Egipto. Se dio tiempo para conocer el cristianismo, aunque no lo practicó ni tampoco proscribió.

En esta obra, Adriano se refiere a Jesús de Nazareth como ‘ese joven sabio’, elogia su doctrina pero considera difícil de asimilar el mandamiento de ‘amar al prójimo como a sí mismo’, pues en su praxis tuvo que imponerse a vecinos, amigos y enemigos; sin embargo vislumbra la luz que ofrece el Cristianismo como religión de esperanza. La escritora Yourcenar mantiene al tanto a su héroe de toda manifestación humana, religiosa e intelectual para presentar a este emperador como un hombre completo.

Los títulos de los capítulos están en latín, el idioma que consolidó un imperio y por contacto con las lenguas de los otros pueblos europeos fue creando las lenguas romances. En su afán de conocer esos otros pueblos con raíces en el pensamiento mítico, sean orientales o europeos, Adriano se unió a varias sectas, incluso tuvo que permitir el sacrificio de su halcón predilecto de cetrería para ingresar a un culto oscuro de cerrado acceso, no sin lamentar la crueldad de este ritual arcaico.

El hombre polifacético
En el recuento de batallas no hay vanagloria o jactancia, se describe la estrategia como una virtud de cultivo necesario para su sucesor. En los amores con patricias y esclavos no hay vulgaridad, este hombre experimentó el placer con ambos sexos, pero si se busca identificar a su verdadero amor, hallamos al efebo Antinóo, icono del amor gay y pederasta, trabajado en la poesía confesional de Jaime Gil de Biedma como símbolo de la apropiación del cuerpo masculino como objeto de deseo homo erótico.

Podemos ver que Adriano sigue una tradición desde Julio César hasta la edad media y parte de la moderna en que los hombres célebres fueron expertos en el dominio de las armas y las letras, combinación que asegura la libertad total de la voluntad y del pensamiento pues ambos tienen los elementos de defensa y réplica contra cualquier intento por sojuzgarlos. Adriano es de origen noble, tuvo una posición privilegiada, pero estos factores no restan mérito a la construcción del personaje rescatado en la novela.

Antinóo muere antes que Adriano, dejándolo con un vacío sentimental que acelera el proceso de enumeración de los flashbacks de la vida del emperador. En los tiempos de su enfermedad terminal el Eros es un vago recuerdo del esplendor de la belleza del joven escanciador de vino y amante predilecto del gobernante. El placer sin Antinóo no tiene el clímax del arquetipo del efebo y el pederasta ilustre, sin embargo, Adriano en sus finales a pesar del desencanto, no pierde lucidez en sus memorias vitales.

Conclusión
En esta novela de Yourcenar, el emperador Adriano hace un balance de todos sus logros como estadista, militar, estratega y gobernante para instruir a su sucesor Marco Aurelio sobre las formas del buen gobierno. Adriano practicó la tolerancia de religiones que dio en Roma una proliferación de cultos venidos de oriente, incluso conoció el cristianismo.
Adriano quedó marcado por la muerte prematura de su efebo Antinóo, a quien recordará como motivación del verdadero amor y potencia del Eros y placer.

Fotos:

Iesrsfra

Letralia

Comentarios (1)

  • laura
    00:10 14 febrero 2010

    realmente ,emorias es sin duda una obra maestra

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