Clásicos, Novela, Relato

‘Matar un ruiseñor’, de Harper Lee

Una autobiografía antirracista
Luís Martínez González
19:00h Lunes, 02 de marzo de 2009
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Átticus con su hija, 'Scout'

Átticus con su hija, 'Scout'

En la historia de la literatura se dan algunos casos curiosos de autores que publican por vez primera, esta creación resulta una obra maestra, y no vuelven a publicar nada más. Bien es cierto que no es muy frecuente, pero sí sucede.

Uno de estos casos es el de la norteamericana Nelle Harper Lee (Alabama, 1926). Autora de ‘Matar un ruiseñor’, que fue premio Pulitzer, no ha vuelto a publicar y vive retirada, negándose a conceder entrevistas. ¿Qué motivos mueven a un autor de una sola obra de éxito a retirarse del mundo literario? Es una pregunta que sólo puede ser contestada por el interesado.

Como decíamos, ‘Matar un ruiseñor’ fue publicada en 1960 y galardonada con el Premio Pulitzer al año siguiente. En 1962, Robert Mulligan la llevó al cine en magistral interpretación de Gregory Peck. Esta versión cinematográfica obtuvo tres Oscars.

La novela cuenta la vida de dos niños sureños –Jem y ‘Scout’- que viven con su padre, el abogado Atticus Finch, hombre recto que defiende lo que cree justo, y cuidados por una criada de color, Calpurnia, en el marco de la Gran Depresión que -en ese pequeño pueblo del sur- no parece haber hecho excesiva mella.


A lo largo de la obra asistimos al crecimiento de los muchachos, a su forma de vida natural y amable en esa especie de Arcadia no contaminada en exceso por la civilización.

Contemplamos también sus travesuras en compañía de su amigo ‘Dill’, un niño que regresa al pueblo todos los veranos y está obsesionado por ver a Boo Radley,  hombre que –según parece- lleva años sin salir de casa.

Pero todo se complica cuando un negro, Tom Robinson, es acusado de la violación de una muchacha de la familia Ewell, quienes, al parecer, no son precisamente recomendables. Todo el mundo sabe que Tom es inocente -¿Será coincidencia el nombre con el del protagonista de ‘La cabaña del tío Tom’, otro gran alegato antirracista?-, pero la sureña sociedad del condado de Maycomb no puede permitir que un negro acusado de violar a una blanca sea declarado inocente.

La defensa del reo es encargada a Atticus, que sufrirá en su familia el desprecio de los racistas, aunque éstos, acobardados por el respeto que les merece, no se atreven a ir más lejos. En la narración se trasluce que no es coincidencia que Atticus sea el designado para ayudar a Tom: puesto que todo el mundo conoce su honestidad y rectitud, nadie duda de que ejercerá su labor con todo el celo posible. Así, los ciudadanos normales del condado se lavan las manos ante una segura condena del infeliz. No se atreven a llevar la contraria a los racistas, pero, de este modo, tranquilizan su conciencia.

Llama la atención como ciudadanos decentes, al verse ante la tesitura de creer a un muchacho honrado y trabajador, que nunca ha dado problemas, pero negro, o dar la razón a un miserable que maltrata a su familia y vive de los demás, pero blanco, se decantan sin dudar a favor del segundo aunque saben que miente.

El pobre Atticus, que es un ciudadano pacífico, llega incluso a tener que hacer guardia ante los calabozos para evitar el linchamiento de Tom. Objetivo que no hubiese podido lograr sin la graciosa intervención de su hija ‘Scout’, quién, en su inocencia, deja en ridículo las intenciones del pelotón ajusticiador.

Por fin, llega el juicio –entre la expectación de toda la comarca- y Atticus demuestra cumplidamente la inocencia del acusado, dejando en evidencia a los Ewell, que son quienes lo culpan para ocultar la lujuria de su hija, verdadera incitadora del delito.

Atticus con Tom, en el juicio

Atticus con Tom, en el juicio

Como era de esperar, Tom es condenado y, por precaución, conducido a la cárcel del Condado. Ante el desamparo de la justicia, el pobre muchacho intentará, más tarde, huir y caerá muerto por los disparos de los guardianes.

Pero el juicio ha servido para que Atticus, inteligentemente, haya puesto en evidencia la culpabilidad de Mallella y las falsas acusaciones de los Ewell, así como la mala vida que llevan. Por ello, Bob Ewell jura vengarse del abogado. Intentará hacerlo en las personas de sus hijos, cuando vuelven de un festival en el colegio. Pero en esos momentos todos nos vemos sorprendidos por un acontecimiento…..

El argumento es, como vemos, un fuerte alegato antirracista. La autora, sureña como sus personajes, debió ver en persona la situación a la que vivían sometidos los negros en esa parte de Estados Unidos y lo denuncia virulentamente.

Pero la obra es mucho más que eso. Novelas que protestan contra el racismo hay muchas, de mayor o menor calidad. Pero esta narración tiene algo diferente. Es hermosísima la reconstrucción que Lee hace de su infancia y asombrosa la capacidad que tiene para reproducir los pensamientos de una niña de pocos años. Parece, cuando narra la historia, que estamos realmente oyendo a una niña de esa edad.

Igualmente bella es la descripción de la vida de esos muchachos, que crecen de forma anímicamente sana, ajenos a las corrupciones del mundo de los adultos. Y, en este sentido, encontramos otro rasgo excepcional de la novela, genialidad de la autora: de forma acertadísima, a nuestro juicio, Lee contrapone los prejuicios viciados por décadas de algunos adultos respecto a los negros y a la justicia con la perspectiva de los niños –aún no contaminada y aplastantemente lógica- que no comprenden que, por el color de la piel se condene a un inocente. Este rasgo acentúa aún más la tesis que defiende la escritora, pues, al ser niños y no estar contaminados por las convenciones sociales del mundo de los mayores, evidencia que la lógica sería absolver al infeliz negro, ya que no ha cometido delito alguno y encarcelar a sus acusadores. Más no se puede resaltar lo absurdo de la situación, cuando incluso unos impúberes comprenden lo que es justo frente a unos adultos cargados de prejuicios racistas.

Desde el punto de vista de la forma, la obra no puede ser más sencilla. La historia se narra de modo lineal –siendo contada por una niña no podría ser de otro modo- y el lenguaje y la sintaxis son fáciles de leer. Ello no quiere decir que la novela no esté elaborada, pues resulta perfectamente equilibrada, pero sí que es –a nuestro modo de ver- asequible para cualquier persona.

Sin duda, nos encontramos ante una narración de mucha calidad. Hermosísima por la historia que cuenta y sencilla para su lectura. Empiécenla. Les enganchará.

Lectura de la obra | ‘Matar un ruiseñor’ en Bibliotheka

Fotos: Átticus con ‘Scout’: Mikomaid en Wikimedia | Átticus con Tom en el juicio: Yomangani en Wikimedia

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