Yukio Mishima tiene una visión del humor dentro de situaciones de extrañeza, en su cuento Los siete puentes, tres mujeres buscan realizar sus deseos de acuerdo a una extraña cábala lunar, que requería silencio oración y cruzar siete puentes. Van acompañadas de Mina, la sirvienta de Masako. Al final ninguna consigue su deseo, y Masako sospecha que Mina rezó contra ellas tres. Este relato muestra las rencillas entre las sirvientas de la clase campesina y sus patronas de la urbe.
Dos geishas quieren cambiar de vida, Koyumi de 42 años quiere ganar dinero para retirarse, Kanako de 22 años, busca conseguir un protector maduro y rico para abandonar su oficio, su amiga Masako, quiere tener una experiencia amorosa con un actor de cine, R, ella es como una otaku o Friki, que vive según su afición. El gran secreto es la insondable, obtusa y horrible Mina, quien al ser pellizcada por su ama, Masako, logra paralizar la mano de esta mujer como por arte de magia.
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http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/jap/mishima/siete.htm

La cábala: Las tres mujeres tienen una cábala mágica, no pueden conversar mientras rezan, deben realizar dos plegarias por puente, y sentir que su deseo se puede realizar por medio de visualización. Solo los deseos de las dos geishas y de Masako son conocidos. En el curso del periplo, Kanako sufre dolor de estómago y ve alejarse su deseo de conseguir un hombre rico, conforme la fiebre la descompone. Koyumi pierde el efecto de la plegaria porque una ex geisha conocida le dirige la palabra.
Koyumi contesta a Koen, su conocida, resignada a perder su deseo. Cuando Masako está cerca de terminar su recorrido, un policía la detiene creyendo que es una suicida en potencia. Para exacerbar la ira de Masako, la horrible, andrajosa y desaliñada Mina es la única que termina el trayecto, pero guarda un silencio sepulcral respecto a su pedido a la diosa Luna. Este culto lunar puede haber estado arraigado en las geishas, quienes tienen que basarse en toda suerte de creencias para potenciar sus dotes amatorias.
En tiempo de Mishima, la sociedad habría dejado de lado estas creencias mágicas, el rezago de la credibilidad en ellas quedaría en los sectores rurales del campo. Por el tono de la narración, Mina bien puede haber querido incomodar a su patrona, en respuesta a su maltrato. Mishima siempre toca de humor sus cuentos sobre grupos de mujeres, esto ocurre en su relato La perla, donde las protagonistas que son conocidas entre sí conspiran unas contra otras para desacreditarse en grupo.

El deseo: Las tres mujeres desean cosas más allá de sus posibilidades inmediatas. Masako quiere tener un encuentro sexual con un artista, que ha ido programando en su mente, llenando su dormitorio de fotografías de este actor. La geisha madura, Koyumi desea dinero para retirarse, pues ya está gorda, fuera de forma, come demasiado y ha envejecido por su oficio, su deseo es más lógico que el de sus dos amigas, pero lo arruina la charla con Koen.
Kanako desea salir del oficio de geisha antes de envejecer como Koyumi, por eso quiere encontrar un protector maduro y rico para ella. De las tres Masako, hija de familia, invierte más en su kimono adornado con tréboles, se compra guetas o sandalias de madera y se barniza las uñas de los pies. Es como si se preparase para el encuentro virtual con R, que nunca se realiza. Mientras Masako avanza en su recorrido, siente que la grotesca presencia de Mina, insultan y desprestigian su deseo.
De los tres deseos, el de Masako es el más exagerado, ya que en lugar de trabajar por esa relación, busca que todo ocurra por arte de magia, cree que R, la abordará algún día sin conocerla. Mientras los deseos de estas mujeres las evaden de la realidad, Mina aparece como el nexo con el mundo práctico. Lo que se tiene a mano es muestra de la capacidad para desplegar esfuerzos. Masako olvida pensar que si tanto le incomoda su sirvienta tonta y fea, debería pagar más en contratar otra mejor dispuesta.
La competencia entre las mujeres: Koyumi y Kanako comentan de la ambición de Masako y el lujo de sus preparativos, antes de verla, sin embargo Kanako y Masako se llevan mejor entre ellas por ser contemporáneas. Kanako ve en Koyumi el final negativo que le tocaría al vivir más tiempo como geisha. Masako odia a su sirvienta Mina, pues necesita sentirse superior que alguien. Al final una suerte de magia favorece a la doméstica para vengarse de Masako paralizándole la mano.
Mishima ha tratado con ironía a las mujeres en este tipo de cuentos, pero no se le puede acusar de misoginia pues llegó a casarse con una mujer, Yoko Sugiyama en 1958, pese a su homosexualidad. Mishima es cruel por momentos con sus personajes femeninos, sin embargo retrata la pluralidad de pensamiento entre las mujeres, las diferencia a tal punto que pueden competir entre sí por buscar prestigio o primacía. Como ninguna completa el recorrido, olvidan su rivalidad.
Este cuento opone a la geisha madura con la geisha joven, todavía hermosa, que tiene miedo de decaer como su colega, lo que sí comparten son creencias míticas sobre la buena fortuna. Lo que pretende mostrar Mishima, a través de la ficción es que las mujeres pueden superar sus rencillas y distancias por un proyecto común. Sin embargo en este relato surge la mala suerte para desbaratar todo, y la última en camino a la meta ve a Mina como un pájaro de mal agüero, contaminando su suerte.
Conclusión: Mishima no estuvo contra la tradición, protegiendo el mismo la cultura nipona. Lo que critica es la exageración del deseo en Masako, quien aparte desprecia demasiado a su sirvienta Mina. Su fracaso en el recorrido y la inmovilidad de su mano es su sanción del relato. Mishima quiere ironizar sobre proyectos que se llevan entre mujeres con rencillas. Este autor no los ve viables, antes supone que sus personajes necesitan moderar su deseo y trabajarlo de manera más dedicada.
Fotos:
“mishimaxy6″ de img260.imageshack.us
“geisha” de daniem.net
“maiko_geisha” de geocities.com
“geisha” de aceros-de-hispania.com
“MishimaTabako2″ de karila.free.fr


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