Sin duda, era difícil en la España del siglo XVII la vida para un tullido y, aún más, si procedía de lo que entonces se conocía como colonias. En un mundo en que la vida no era fácil para nadie, mucho menos lo debía ser para una persona con tales condicionantes.
Por ello, el éxito literario de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, México, 1581-1639) tiene aún mayor mérito. Su cuerpo contrahecho –tenía jorobas- le hicieron blanco de crueles burlas por parte de sus compañeros de profesión y éstas lo convirtieron en una persona amargada y resentida.
Procedía de una aristocrática familia mexicana y ello le permitió adquirir una amplia y cuidada educación que, no obstante, le sirvió de poco para obtener un empleo acorde con su cultura. Cuando su familia vino a menos, embarcó hacia España, emprendiendo el camino inverso al que muchos peninsulares hicieron durante siglos.
Merecería un estudio detallado el desprecio que Alarcón despertó en la madre patria. Que su aspecto físico fuese desagradable no resulta justificación convincente. Todos los literatos de la época -desde Lope hasta Quevedo, pasando por alguien tan mesurado como Tirso de Molina- lanzaron durísimos ataques a su persona y a su teatro.
Quizá por ello, éste presenta un rasgo esencial: la exaltación del mundo interior, cuyas virtudes espirituales constituyen el verdadero valor del hombre, frente al exterior, regido por apariencias. Y, junto a ello, una actitud crítica respecto a las normas que regían la sociedad española, que su carácter foráneo le permitía analizar con distanciamiento.
Todas sus comedias presentan idéntica estructura. La trama se construye en torno a un personaje cuyo carácter está dominado por un vicio o –en menos ocasiones- por una cualidad. Su ambiente es urbano y su tono menos oratorio que el de sus contemporáneos.
En La verdad sospechosa el protagonista es don García, un verdadero artista de la mentira que, enamorado de una dama, construye una serie de falsedades que acaban devorándolo. Pero lo que critica Alarcón no son las mentiras de don García, sino las de los demás.
Todos lo desprecian por mentiroso pero, a su vez, llevan una doble vida: de una parte, la real y, de otra, las apariencias, que son las que realmente les importan, pues no dudan en engañar con tal de obtener sus objetivos. De este modo, se nos muestran tan mentirosos como el protagonista.
Toda la obra está perfectamente construida –Alarcón era un excelente dramaturgo- y su tratamiento de hechos cotidianos y tono conversacional le otorgan una modernidad de la que carecen algunos de sus contemporáneos.
Podéis leer la obra aquí.
Fotos: Alarcón: Cookie en Wikipedia | Taxco: Sol33 en Flickr



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1 Comentario en “La verdad sospechosa, de Ruiz de Alarcón, o la pasión de mentir”
LA VERDAD SSPECHOSA ES MUY INTERESANTE PORQE ASE VER LA PASION DE MENRIR