Las teorías narrativa expuestas por Emile Zola que constituyen el Naturalismo se expandieron de forma rápida por toda Europa. Pero unas técnicas tan extremas de novelar no podían, por fuerza, cuajar plenamente. Ni siquiera su mismo creador fue capaz de aplicarlas al pié de la letra.
Por ello, en todas partes surgieron seguidores que, antes de llevar a la práctica las tesis de aquél, se ocuparon de adaptarlas al gusto de su país, tomando lo que consideraban acertado y desechando los excesos. De este modo, el Naturalismo en España –salvo excepciones poco importantes- nunca llegó al grado de radicalidad del zolesco. Más bien debería hablarse de un Realismo con tintes naturalistas.
Incluso quién pasó por ser la principal defensora del novelista francés en España, Pardo Bazán -junto a Blasco Ibáñez-, criticó algunos puntos esenciales de la teoría de Zola como el carácter científico de la novela o el determinismo materialista.
Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851-1921) fue una mujer singular. Aristócrata de ideas conservadoras, vivió, sin embargo, de un modo avanzado para su época. Pero, quizá el principal rasgo de su carácter y también el que le produjo mayores disgustos fue su afán por llamar la atención y estar siempre en la cima de la polémica.
En efecto, la escritora gallega mantuvo disputas literarias con casi todos sus compañeros de profesión y la referida a la cuestión del Naturalismo no fue la menor de ellas. Por eso, resulta difícil saber hasta que punto estaba de acuerdo con las tesis de Zola y hasta cual se trataba de una postura que alimentase la polémica. Lo que si es un hecho es que ni siquiera en sus novelas más asimiladas a las ideas del francés llega a los extremos de éste.
Esta afirmación se aprecia claramente en La tribuna, publicada en 1882. Narra la vida de Amparo, una trabajadora de la fábrica de tabacos de Marineda –trasunto de La Coruña- que, cuando se produce un conflicto laboral, se convierte en cabecilla de sus compañeras en la lucha por sus reivindicaciones.
En la obra encontramos observaciones fisiológicas típicas del Naturalismo y también pasajes descriptivos que llegan a extremos innecesarios. Pero la impersonalidad del novelista propugnada por Zola no aparece por parte alguna. Muy al contrario, la autora se implica en la narración para mostrarnos su desacuerdo con las ideas de la protagonista.
Todo ello nos lleva a concluir que estamos ante una obra realista que contiene elementos del Naturalismo. Es decir, que nos hallamos ante un Naturalismo al estilo español.
Podéis leer la obra aquí.
Fotos: Monumento a Pardo Bazán: Alejandro Blanco en Flickr | Pazo de Ulloa: LIMIAO V en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.