La crítica literaria, en ocasiones demasiado puntillosa, suele excluir de la Generación del 27 a todos aquellos autores que no cumplen alguno de los requisitos que ella misma impone para considerar ‘generación’ a un grupo literario. Así, no considera miembros del 27 a quienes no participaron del homenaje a Góngora, a los que no escribieron poesía, a quienes no estuvieron en la Residencia de Estudiantes o, simplemente, a aquellos que siguieron vías literarias más personales.

Un volumén recopilatorio de obras de Casona
Como resultado de ello, excluyen de esta generación a escritores coetáneos que, como mínimo, compartieron con los Lorca, Cernuda, Salinas, etc, las mismas inquietudes humanas y literarias. A nuestro juicio, esto es un craso error, pues la literatura de una época es fruto de unos acontecimientos históricos, estéticos, filosóficos y vitales comunes. Por ello, limitar la nómina de integrantes de un grupo literario nos parece un reduccionismo innecesario y empobrecedor.
Hacemos esta reflexión porque nos proponemos hablar de Alejandro Casona, a quién muy pocos incluyen en el grupo generacional del 27, aunque, a continuación, relacionen íntimamente su obra con el teatro de Lorca, en su común papel de renovadores del panorama dramático, lo cual nos parece una flagrante contradicción.
Por otra parte, en un momento en que el teatro español trataba de remontar el vuelo, tras unos inicios de siglo en que había predominado un drama modernista, de puras galas formales, y un neorromanticismo retumbante y declamatorio creado por Echegaray y sus seguidores, y en el que tan sólo Jacinto Benavente había realizado tímidos intentos modernizadores, el papel de revitalizador del teatro ejercido por Casona nos parece indiscutible.
Alejandro Rodríguez Álvarez (Besullo, Cangas de Narcea, Asturias, 1903-1965), conocido literariamente como ‘Alejandro Casona’, era maestro y ello se aprecia en el afán pedagógico de su obra. Tras trabajar como inspector de enseñanza en el Valle de Arán, Asturias y Madrid, se consagró plenamente al teatro, al llegar sus primeros éxitos. Tras la Guerra Civil, se exilió en Argentina, donde vivió hasta 1963, año en que regresó a España.

Vista de la aldea natal de Casona: Besullo
Casona cultiva, como decíamos, un tipo de teatro innovador en su época –por mucho que la crítica actual, cegada por las tendencias posteriores, lo tilde de antiguo-, basado en la doble intención pedagógica y estética. Se trata de dramas poéticos que se alejan a posta de la realidad. Por ello, se le ha acusado también de crear un tipo de teatro ‘escapista’, apartado de la realidad histórica, lo cual sí que es, con plena evidencia, rigurosamente falso. Sólo alguien que no haya leído o presenciado sus obras puede realizar tal afirmación. Lo que ocurre es que sus obras tratan problemas universales y atemporales, envueltos en tramas simbólicas, y no se rebajan a la crítica social inmediata, mucho más vulgar y fácil de escribir, por cuanto a ésta última se le permite siempre rebajar la calidad estética en aras de la denuncia.
Merece la pena citar aquí las palabras con que el asturiano se defendía de esta acusación: ‘No soy escapista que cierra los ojos a la realidad circundante….Lo que ocurre es, sencillamente, que yo no considero sólo como realidad la angustia, la desesperación y el sexo. Creo que el sueño es otra realidad tan real como la vigilia’. En cualquier caso, recomendamos a aquellos críticos inquisidores que lean, por ejemplo, ‘Nuestra Natacha’, donde Casona critica los métodos pedagógicos vigentes en los reformatorios de la época. ¿Cabe mayor compromiso con la realidad?

La actriz Lola Membrives estrenó varias obras de Casona
Por si esto fuera poco, a nosotros su teatro nos parece hermosísimo, tanto formal con temáticamente. Envuelto en el simbolismo citado y con unas calidades líricas muy superiores a otros autores, reflexiona sobre la vida, el amor y la muerte en obras tan extraordinarias como ‘La dama del alba’, quizá su mejor creación, ‘La barca sin pescador’, o ‘La casa de los siete balcones’.
‘La sirena varada’, por su parte, es su segundo drama, siguiendo el orden cronológico en que los escribió (la primera fue, según parece, ‘Otra vez el Diablo’). Reconocida con el Premio Lope de Vega en 1934, supuso el primer gran éxito de Casona.
En ella nos encontramos a Ricardo, quién, hastiado de la vida ordinaria, a la que juzga muy negativamente, decide refugiarse en una isla, donde creará un mundo paralelo e ideal, una vida nueva libre de razón y disciplina, sólo sujeta a los sueños. Allí vivirá con un grupo de amigos un tanto surrealistas: Daniel, pintor que venda sus ojos para no ver la fealdad; Samy, el payaso que se esconde bajo ese disfraz, para huir de su mísera vida; el fantasma, que no es otro que un pobre tipo que hace ese papel; don Florín, que es el contrapunto realista de Ricardo; y Sirena, que ha dado en creerse ese personaje mitológico para no ver la realidad. Cuando Ricardo se enamora de Sirena, dará fin a su sueño, pues el amor sólo puede darse en la verdad, en la realidad, y no en la fantasía.
Por tanto, la obra trata, de modo simbólico, el conflicto entre realidad e irrealidad, entre vida e ilusión. La fantasía tiene el añadido de la belleza, que la hace tentadora, pero la conclusión a que llega el dramaturgo es que sólo en la realidad puede el hombre llevar una vida verdadera.

Valle de Arán, donde Casona ejerció como Inspector de Educación
No obstante, ello no significa despreciar la irrealidad. Muy al contrario, el paso por la fantasía supone para la persona un enriquecimiento: al volver a la vida real, regresa más ‘humano’. Por tanto, Casona defiende el compromiso –nunca la exclusión- entre las dos dimensiones de la existencia, la real y la irreal, como modo de realización del hombre. Vivir sólo en la fantasía supone deshumanización, pero estar únicamente en la realidad empobrece el espíritu.
Como podemos apreciar, el conflicto dramático planteado por Casona no puede ser más profundo. En efecto, no encontraremos en sus obras ideas políticas o contenidos sociales, pero, ¿Son éstos más humanos que la vida del hombre, que su espíritu y sus inquietudes?
Fotos: Portada: tomada de Iberlibro | Besullo: Mabita en Wikipedia | Lola Membrives: Claudio Elías en Wikipedia | Valle de Arán: Kooma en Wikipedia

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4 Comentarios en “‘La sirena varada’, de Alejandro Casona”
es una porqueria
Es la mejor obra teatral que eh leido en el correr de mi vida, es tan profunda y trata tan bien lo real y lo ficticio que no conozco allegado mio que no se alla tentado en leerla.
Y con respecto a “KaKa” lo unico que tengo para decir al respecto, es que un poquito de cultura y una vision mas particular del mundo en que vivimos no te vendria para nada mal…
Hola
Como es que puedo descargar el libro Sirena Varada.
Saludos.
Hola Magnolia,
Este es el enlace que hemos encontrado y que se encuentra en el artículo:
http://www.scribd.com/doc/7713592/Casona-Alejandro-La-Sirena-Varada
Saludos,