La frase es una paradoja; resiste también el calificativo de metáfora, y hasta de antítesis. Su riqueza lingüística es vasta y abrumadora; es una frase que ha ido acumulando, durante siglos, y con ayuda del ser humano, tanta verdad, infinidad de significados, incapaz de resumirlos: uno de ellos: la novela.

Mario Vargas Llosa - foto obtenida de Wikimedia, autor: Manuel González Olaechea y Franco
La novela, que surgió como mentira, y que se transformó en verdad, aunque sea por unos breves y maravillosos instantes, cuando Cide Hamete Benengueli fue, por unas cuantas páginas, más real que el mismísimo Miguel de Cervantes, ha sido, entre otras cosas, la culpable de esta agradable confusión.
Es tanta la fuerza de persuasión de la novela, capaz de darnos la oportunidad de tener más vidas que un gato, a nosotros, lectores (recordemos a Alonso Quijano y a Madame Bovary); es tanta, en la novela, la voluntad de transformar la vida, corregirla, ordenarla, presentarla anta todos como un ser viviente que inhala y exhala miles de oraciones, y que muere si la olvidamos en la mesita de noche, cerrada, como un universo aparte, disímil y al mismo tiempo conectado, de algún modo, con el nuestro.
La verdad de las mentiras es eso: hacer vivir al lector una ilusión, y que no pueda ver el mecanismo por el cual ha sido engañado, como cuando un prestidigitador nos maravilla con su arte, y luego la duda de que si lo que hemos visto es verdad nos carcome, pensando que es imposible que pueda hacer aquello, pero, al final, terminamos creyéndolo todo y hasta afirmando que existe, que es una verdad y quedamos tan sorprendidos del mundo y nos decimos a nosotros mismos: “Parece mentira”.
Podría decirse que lo quiso hacer Vargas Llosa en esta obra es mostrar lo que reflexionó sobre sus hitos de lector consumado. Sin embargo, hay dos ideas que llevan a colegir el genuino proyecto de la obra. La primera es aquella que analiza la raíz de las anécdotas en el mundo real, y hasta qué punto una mentira puede ser más esclarecedora y edificante que la verdad desnuda y voraz. La segunda, más que una idea es una intención: mostrar novelas que se publicaron a lo largo de la última centuria. ¿Con qué fin? He ahí la respuesta al proyecto de la obra, la cual no debe ser ajena a la postura ideológica del autor. Para Vargas Llosa, los conflictos mundiales, la belle epoque, los intentos socialistas y fascistas, así como la revolución femenina y social de los sesenta y setenta, produjeron susurros y vociferaciones.

Mario Vargas Llosa recibe el título de Doctor Honoris Causa (Universidad La Rioja-España) - foto obtenida de Wikimedia, autor: Uncomunicacion.
En el caso de los gobiernos totalitarios y las represiones militares las opiniones se veían reprimidas, la historia era una sola y la versión oficial ley. Por otro lado, los paroxismos de la belle epoque y las revoluciones sociales gritaban llegando, por momentos, a dejar de lado toda racionalidad y explicación crítica de lo que sucede.
Es durante estos cambios sustantivos del siglo pasado que la literatura aparece para llenar esos vacíos. Donde se musitaba, la literatura pregonaba reprimendas; donde se exageraba, ponía paños fríos y racionales. El objetivo es mostrar que la literatura es parte de nuestro desarrollo, lo importante que son las ficciones como aparato reflexivo y sedicioso (esto último entendido como ese anhelo de no estancarse). La literatura, a lo largo del siglo XX, se encargó de canalizar las más oscuras frustraciones, los más desenfrenados deseos y los más nobles ideales. Sin embargo, y he aquí otro objetivo del autor, la literatura es tal siempre y cuando haya lectores, y esta es una misión que la literatura no puede arrogarse pues es de responsabilidad social y real, tan real como las mentiras de las ficciones.
En la obra encontramos una fuente rica de discusiones. Las opiniones, fuera de las ciencias exactas, son todas refutables, y los puntos de vista desde donde se analizan los problemas, inconmensurables. Si se lee entre líneas cada uno de los ensayos de Vargas Llosa nos topamos con un crítico lejano. Nacido en 1936, el literato peruano tuvo la oportunidad de convivir con los más acalorados cambios y giros de tuerca de su época. Sin embargo, cuando se lee los análisis que efectúa a estos fenómenos sociales, nos topamos con alguien poco inmerso (en el plano de la acción) en aquellos problemas que se reflejan en las novelas que él dice admirar. Su conocimiento sobre ellos es vasto, no obstante, sus opiniones suenan a los de persona muy conspicua y poco comprometida, lo cual, a final de cuentas, sólo nos demuestra la postura ideológica del autor y desde qué ángulo hay que evaluar su producción ensayística.
Una vez aclarado este punto, podemos decir que los ensayos de Vargas Llosa se nutren de una perspectiva liberal y democrática insoslayable. Pero a la vez forman parte del meticuloso estudio que un lector y escritor consumado hace de la literatura de su tiempo. Es como si Vargas Llosa no sólo creyera que la ficción muestra nuestra historia secreta e íntima, sino que también le otorgara más importancia a ella que a la misma realidad.

Firma del Dr. Mario Vargas Llosa - foto obtenida de Wikimedia, autor: Mario vargas Llosa, origen: Biblioteca Cervantes.
Su apasionamiento por la historia de sus contemporáneos y su poco (y cuestionable, o no) compromiso con las ideologías contestatarias muestran una ambigüedad que decanta en la visión idealista de un escritor realista. Los ensayos, por otra parte, cumplen sus dos cometidos: sustentar la tesis de que las mentiras dicen verdades con la impudicia que la sociedad reprime e involucrar al lector en el abordaje de estas obras que, más allá de sus aspectos formales, encandilan por su mensaje y sus historias cercanas a nuestras fantasías.
Si bien todos los ensayos hablan de libros de novelas y cuentos del siglo XX, muy diferentes entre sí, que, tal vez ésta haya sido una de sus intenciones: intentar mostrar necesariamente a grandes rasgos, por lo inmenso de la empresa, la evolución de la literatura, tanto en forma como en fondo; empero logra una unidad. Tanto en las obras escogidas como en la técnica para la estructuración de los ensayos.
En literatura, es difícil estar en desacuerdo con Mario Vargas Llosa. Eso es porque siendo un gran escritor, es también un gran lector, y para eso también se requiere talento, disciplina, constancia y cultura.

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