La etapa inicial del siglo XX, cuando comienzan su desarrollo las vanguardias artísticas, supuso para la literatura en general y para la poesía en particular un enorme enriquecimiento, pues, si bien algunas de aquellas fueron simples modas pasajeras, legaron la idea de que se podía experimentar con la lírica y abrieron nuevos caminos para su desarrollo.

Fachada de la Universidad de la Sorbona, donde Ungaretti fue estudiante
Por otra parte, mostraron que una poesía personal, al margen de tendencias generales, era tan válida como cualquier otra. Es decir, que el autor podía crear al margen de las corrientes en boga y establecer su propia poética. Ello entrañaba el riesgo de no ser aceptado pero también tenía el valor añadido de la originalidad.
Uno de estos poetas es el italiano Giuseppe Ungaretti (Alejandría, Egipto, 1888-1970), quién, además, por haber crecido fuera de su patria y en un lugar tan exótico como Egipto, se hallaba más libre de influencias que sus coetáneos y contaba con elementos propios de aquel lugar –la historia antigua, el multiculturalismo, la luminosidad, el colorido- que éstos no poseían en su país.
Tras combatir en la Primera Guerra Mundial, se instaló en Italia y, con ello, entran en su obra las influencias de la poesía transalpina, fundiéndose con las anteriores, para dar como resultado una poesía muy personal, tanto en la forma como en el fondo.
En lo que respecta a la primera, Ungaretti muestra un estilo original, presidido por la yuxtaposición de palabras y frases, estableciendo una analogía entre ellas que, al evitar la subordinación, permite que adquieran un valor significativo mayor, una pluralidad de interpretaciones acerca de su significado. Juega, asimismo, el poeta con la construcción del verso, experimentando con formas métricas originales. Las composiciones presentes en Alegría de náufragos son buena muestra de todo ello.

Vista de la ciudad de Alejandría, donde nació Ungaretti
Pero, con el tiempo, Ungaretti retornará a la tradición italiana. En el volumen Sentimiento del tiempo, sin perder su personalidad, retomará los metros y ritmos propios de la poesía de su tierra. Lo que nunca abandonará es el gusto por la palabra y la frase analógicas, ricas en resonancias y significados.
Pese a su originalidad, el poeta no es ajeno a influencias -¿Quién lo puede ser?-. Entre éstas, resaltan las de Mallarme y Baudelaire, pero, sobre todo, la poderosa de su compatriota Leopardi y del Futurismo de Marinetti, una corriente de vanguardia que tuvo en Italia mucho mayor influjo que en el resto de Europa. Y aún más intemporales y clásicas son sus preocupaciones: la humanidad, la muerte o la religiosidad.
Podéis leer una antología de sus versos aquí.
Fotos: La Sorbona: Mrs.Knook en Flickr | Alejandría: Memphis Tours en Flickr

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