Los años centrales del siglo XIX en la narrativa inglesa se hallan presididos por la gran figura de Charles Dickens. Su obra, abundante en cantidad y calidad, determina la creación novelística de la época y ha oscurecido a otros excelentes escritores coetáneos a él.

Wilkie Collins
Por otra parte, cuando se habla de la aparición de la novela policíaca, generalmente suele comenzarse con Edgar Allan Poe e, inmediatamente, hablar de Conan Doyle y su mítico Sherlock Holmes, olvidando que, entre uno y otro, hay algunos narradores que realizaron una importante contribución al género.
Uno de ellos es William ‘Wilkie’ Collins (Londres, 1824-1889), hijo del pintor del mismo nombre y emparentado políticamente con Dickens –un hermano suyo estaba casado con la hija de éste-, con el que escribió algunas obras.
Collins es hoy un novelista bastante olvidado y, sin embargo, realizó aportaciones destacadas al incipiente género policíaco como la resolución lógica de los casos, la aparición de detectives aficionados o el situar a un grupo de personas –todas sospechosas- en el lugar del delito.
Curiosamente, padecía un tipo de artritis que lo obligaba a consumir opio –en forma de láudano- para evitar los dolores y muchas de sus narraciones fueron escritas bajo los efectos de aquél.
Así ocurrió con ‘La piedra lunar’, algunos de cuyos pasajes no recordaba haber escrito. Publicada en 1868, es considerada la primera novela policíaca de Inglaterra y su eje argumental no es un asesinato, sino un robo.
La joven aristócrata Rachel Verinder recibe, con motivo de su décimo octavo cumpleaños , un regalo de su tío, un corrupto oficial británico destinado en la India: el fabuloso diamante conocido como ‘la piedra lunar’, que había robado en un templo de aquel país, asesinando para ello a los monjes que lo custodiaban. Y, desde el momento de su sustracción, tres hindúes le siguen la pista para recuperarlo.

La Royal Academy, donde Collins llegó a exponer como pintor
Rachel luce la joya en la fiesta que se celebra en su mansión familiar, por la que merodean los indios haciéndose pasar por funambulistas. Más tarde, en la noche, el diamante desaparece, y, aunque se arresta a éstos, no tienen la joya. Desde este momento, todos los personajes presentes en el festejo contarán su versión de los hechos. Pero el embrollo no se aclarará hasta que haga aparición un brillante detective de Scotland Yard, el sargento Cuff, quién, aplicando la lógica, resolverá el robo.
A ello colabora en buena medida el doctor Ezra jennings, médico de la familia, adicto al opio e investigador aficionado, que es un indudable trasunto de Collins, quién describe esta adicción con todo tipo de detalles.
La obra está muy bien escrita, combinando a la perfección el enredo policíaco y la brillantez estética. Su estructura epistolar y la variación de puntos de vista desde los que se narra la trama son, igualmente, muy novedosos en su época. Por algo fue calificada por el escritor estadounidense T. S. Eliot como ‘la primera, la más larga y la mejor de las modernas novelas detectivescas de Inglaterra’.
Lectura de ‘La piedra lunar’: en los enlaces Bibliotheka 1 y Bibliotheka 2
Fotos: Wilkie Collins: IMewbot en Wikipedia | Royal Academy: Zinnmann en Wikipedia

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