El género picaresco es una contribución de la literatura española a la narrativa universal. Fruto de las peculiares condiciones sociales de la España de la época, su principal rasgo es ser protagonizadas por marginados que, a través de artes poco éticas, tratan de medrar y conseguir el ascenso social.

Escena del Lazarillo de Tormes, por Goya
La primera gran obra de género es El Lazarillo de Tormes, pero su éxito originó un gran número de secuelas así como que otros muchos autores se interesaran por escribir narraciones picarescas. Seria muy largo enumerar la lista de ellos, pero baste decir que un extraordinario talento como Quevedo realizó su aportación con la Historia de la vida del buscón llamado don Pablos.
La figura del pícaro había sido siempre masculina, pero, con el desarrollo del género, algunos autores idearon una nueva variante: introducir a la mujer como protagonista de estas obras y, como consecuencia de ello, enriquecer la picaresca con algunos rasgos peculiares.
De este modo, la picara comparte algunas características propias de su correlato masculino, como sus orígenes humildes, cuando no degenerados, la baja catadura moral, la codicia, o el uso del ingenio para medrar. Pero también presenta elementos nuevos.
Probablemente, el más original y distintivo de ellos sea la belleza y el uso de la atracción erótica como cebo, es decir, la utilización de sus encantos femeninos para captar incautos a quiénes despojar. En este sentido y de modo coherente con las costumbres de la época, casi todas buscan un marido rico y, a ser posible, viejo, al que desplumar, al tiempo que poseen otros amantes que les hagan regalos.
Aunque la crítica no acaba de ponerse de acuerdo sobre su filiación picaresca, a nuestro juicio, una de estas obras es La lozana andaluza, de Francisco Delicado, que narra las peripecias de una joven prostituta en la Roma renacentista.
Es muy poco lo que se sabe a ciencia cierta de Delicado. Se cree que nació en Córdoba y que podía ser de familia conversa –es decir, de judíos convertidos al cristianismo-, fue discípulo de Nebrija y vivió durante años en Italia, concretamente en Roma y Venecia –donde publicó la novela-. Admirador de La Celestina, con la que su obra guarda muchas concordancias, como el estilo dialogado y la propia personalidad de la protagonista, que se dedica a las mismas lides, se dedicó también a la edición.

La obra transcurre en la Roma renacentista. En la foto, construcción romana del Renacimiento
Como decíamos, La lozana andaluza, publicada en 1528, narra las andanzas de una joven cordobesa de nombre Aldonza y apodo Lozana por la Roma del Renacimiento, la cual, para vivir, ejerce la prostitución y la hechicería. Cargada de humor y sin detenerse ante lo escabroso, se trata de un relato un tanto anárquico y dividido en capítulos llamados ‘mamotretos’.
Mientras para unos la novela constituye una exaltación reivindicadora del goce de vivir y de la actitud pagana y sensual del Renacimiento, para otros su intención es ejemplificadora, es decir, exponer lo que no debe hacerse con una finalidad moral. Sea como fuere, el hecho es que esta rareza literaria constituye una novela divertida y excelentemente escrita.
Podéis leer la obra aquí.
Fotos: Escena del Lazarillo de Tormes: Escarlati en Wikipedia | Construcción romana renacentista: Versae en Flickr

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