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Un cuento de Huysmans

La maquilladora, el idealismo del artista

Un discípulo que se alejó de Zola
Luís Martínez González
16:00h Martes, 20 de octubre de 2009
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Joris-Karl Huysmans, un novelista vocacional

Joris-Karl Huysmans, un novelista vocacional

Cuando analizamos la trayectoria de un escritor a lo largo de su vida, lo normal es encontrarse diferentes etapas creativas, en cada una de las cuales se halla más cercano a un estilo o a otro. Poco tiene que ver, por ejemplo, el Juan Ramón Jiménez de sus inicios becquerianos y modernistas con el de madurez, cuando su poesía se encastilla en la palabra esencial, en busca de la trascendencia.

No obstante, toda la creación de un autor se halla recorrida por un sustrato común de inquietudes y rasgos estilísticos que son los que –al final y al margen de etapas- le confieren su peculiar visión del mundo y de la Literatura.

Por todo ello, no es muy común encontrarse con un novelista cuya obra muestre dos etapas tan diferentes e incluso opuestas como la de Joris-Karl Huysmans (París, 1848-1907). Funcionario de profesión y novelista vocacional, admirador de Zola, participó con éste y otros cuatro seguidores en las reuniones que el maestro organizaba en Médan para discutir sobre las técnicas literarias y el Naturalismo. Entre ellos, se hallaba, por cierto, un joven narrador, entonces desconocido, llamado Guy de Maupassant.

Fruto de aquellos debates fue el libro de relatos breves ‘Las veladas de Médan’, cuyo objeto era acabar con ‘los viejos organillos lacrimógenos’ del romanticismo social y al que Huysmans contribuyó con ‘El saco a la espalda’.

Pero, incluso por entonces, el Naturalismo de éste era un tanto personal ya que carecía del interés experimental y deductivo de su fundador. Hombre neurótico, despreciaba al mundo moderno y no tenía la menor fe en el ser humano. Fuertemente influido por el pesimismo de Schopenhauer, su desagrado del mundo se evidencia mostrando su realidad más triste, sin ningún afán científico.

No obstante, a partir de 1892 –año en que sufre una crisis espiritual y se convierte al Cristianismo-, su obra da un giro radical: rompe con los principios naturalistas y se adscribe en una estética marcadamente espiritual y formalmente decadentista, en una línea similar a la que, aproximadamente por entonces, seguían Tolstoi o Galdós y en la que halla una vía de escape del mundo a través de la fe.

‘La maquilladora’ es un relato breve, una suerte de poema en prosa que, aunque publicado en 1874 dentro del volumen ‘Bombonera para especies’, nada tiene de naturalista, pues viene a ser una reflexión sobre el poder del idealismo.

Narra el enamoramiento de un pintor hacia una muchacha a la que cree china e idealiza. Alquila un piso al lado de donde vive la joven y la espía, viendo con asombro que es tan occidental como él y su aspecto oriental se debe a que todas las mañanas una maquilladora viene a caracterizarla por mandato del hombre que vive con ella y al que el artista cree su padre. Intrigado por algo tan excéntrico, aborda a la maquilladora para que le cuente la verdad. Cuando la sabe y, por fin, conoce a la muchacha, su desilusión es mayúscula.

Se trata, como decíamos, de un cuento que reflexiona sobre la dualidad entre lo aparente y lo real y, sobre todo, acerca del poder del idealismo, capaz de construir toda una realidad paralela a la verdadera y que nada tiene que ver con ésta.

Podéis leer aquí la obra

Foto: Huysmans por Invisible Hour en Flickr

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