Algo debe tener de bueno un poeta cuando un talento lírico como Espronceda le dedica una composición laudatoria. Aún más si tenemos en cuenta que el autor de El estudiante de Salamanca estaba muy ocupado con sus conspiraciones y no se prodigaba en halagos hacia sus compañeros de oficio.
Sin embargo, la alabanza de un genio no siempre es sinónimo de pasar a la posteridad. A veces, la historia literaria es injusta y deja caer en el olvido a autores muy estimables que, quizá, merecieran mayor reconocimiento.
Este es el caso de la poetisa extremeña Carolina Coronado (Almendralejo, 1820-1911), hasta hace poco más conocida por ser tía del sin par Ramón Gómez de la Serna –activo miembro del vanguardismo español- que por su propia obra lírica. No obstante, en honor a la verdad, debemos decir que en los últimos años la crítica ha vuelto a ocuparse de ella y estimar su papel de pionera de la literatura femenina y su poesía.
Perteneciente a una familia de la burguesía liberal perseguida por Fernando VII, Carolina Coronado llevó una vida acomodada, aún más tras contraer matrimonio con el diplomático estadounidense Horace Perry. Por sus salones madrileños pasaron las más altas personalidades de la vida política y literaria española de la época. Desde el Duque de Rivas hasta el también poeta Manuel José Quintana cultivaron su amistad.
Su obra literaria es bastante extensa. Cultivó el teatro –su drama El cuadro de la esperanza fue representado ante la familia real- y la novela – Jarilla, El oratorio de Isabel la Católica, La Sigea-, en una línea que nos recuerda a ‘Fernán Caballero’, pero su mayor fama la debe a su creación poética.
La lírica de Carolina Coronado se inscribe plenamente en el Romanticismo tardío, cuando los tonos exaltados habían cedido el paso a otros más suaves e íntimos. Son poemas de tipo tradicional, tanto en lo que respecta a la rima como al ritmo, con un cierto regusto por el colorido.
Buena muestra de ello es la composición titulada La Luna es una ausencia, en la que recupera un tema muy grato a los románticos: la noche y sus espíritus. Ésta produce en la autora temores y tristezas que se diluyen con la aparición de la luna que, con sus “rojos perfiles” disipa estas angustias. Se trata –como decíamos- de una creación de tipo tradicional, con rima consonante y versos que se encabalgan agrupados en cuartetos. Se trata, sin duda, de una hermosa composición.
Podéis leer el poema aquí.
Fuente: Escritoras y pensadoras.
Fotos: Teatro Carolina Coronado: Jmerelo en Flickr | Lisboa: Sefa-44 en Arte y fotografía.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.