La historia literaria está llena de curiosidades. Una de ellas, por ejemplo, es el caso de aquellos escritores que, habiendo nacido en un país, escriben en la lengua de otro, alcanzando, además, una excelente calidad. Suelen ser personas que abandonan su tierra por distintos motivos, para instalarse en otra cuyo idioma aprenden con tal perfección que son capaces de crear literatura con ella.

Portada de una obra de Aub
Otra circunstancia frecuente es que se trasladen de país con su familia de niños y se vean obligados a aprender un nuevo idioma después del materno. Esto último fue lo que le sucedió a Mariano José de Larra, por ejemplo, con el agravante de que éste olvidó prácticamente el castellano y tuvo que volver a aprenderlo, al retornar a España.
Y esto fue lo que le sucedió también a Max Aub Mohrenwitz (París,1903-Ciudad de México,1972), quién, además, puede ser considerado con toda justicia un trotamundos. Nacido en París, de padre alemán y madre francesa, la familia se instaló en España a raíz de la Primera Guerra Mundial, pues, a causa del conflicto, su padre no podía residir en Francia.
Tras la Guerra Civil, Aub se exilió de nuevo a Francia y allí, denunciado como comunista, fue internado en un campo de concentración y más tarde deportado a otro en Argelia. Liberado en 1942, tras pasar por Casablanca, se transladó a Veracruz, en México, donde residió el resto de su vida.
Poseyó, por tanto, cuatro nacionalidades: la alemana, la francesa, la española y la mexicana y, del mismo modo, hablaba a la perfección el Francés, el Alemán y el Español, idioma éste último que declaraba ser el único en el que se encontraba a gusto escribiendo.
Poco a poco, fue labrándose una reputación como intelectual, aunque carecía de estudios universitarios, y comenzó a publicar sus escritos. Fue amigo de casi todos los escritores de la época y puede considerársele, con pleno derecho, miembro de la Generación del 27.

Una vista de Baviera, de donde era oriunda la familia de Aub
Como autor, cultivó todos los géneros: la novela, en la que destaca su serie ‘El laberinto mágico’, cinco obras que diseccionan la Guerra Civil española, y ‘Jusep Torres Campalans’, biografía de un pintor ficticio; el cuento, al que pertenece ‘La gabardina’; el teatro, con ‘Narciso’ y ‘San Juan’, entre otras; la poesía, donde resalta el impresionante ‘Diario de Djelfa’, sobre su estancia en el campo de prisioneros argelino; e incluso la erudición literaria: ‘Discurso de la novela española contemporánea’ o ‘La prosa española del siglo XIX’.
Todo ello, junto a la dirección de grupos teatrales, como el valenciano ‘El Búho’ le proporcionó a Aub aureola de intelectual y prestigio en el mundo de la literatura anterior a la Guerra Civil. Y no deja de ser curiosa su afición a inventarse obras, autores literarios y artistas de otras disciplinas totalmente apócrifos. No es sólo el citado Torres Campalans, del que llegó incluso a publicar algunos dibujos, sino también un poeta californiano e incluso un poema anónimo perteneciente al Egipto de la XVIII dinastía. ¿Qué le movía a ello? Nunca lo sabremos, pero nos atrevemos a aventurar que, quizá, el afán de desenmascarar a falsos intelectuales que se creían todo lo que se les presentaba.
‘La gabardina’ es un cuento de terror que fue publicado dentro del volumen de relatos breves ‘Ciertos cuentos, cuentos ciertos’, en 1955. Se trata de un interesante relato que combina la leyenda urbana de la muchacha muerta que se aparece y se relaciona con personas vivas y un hilo argumental al estilo de una moderna Cenicienta.

Maqueta del Campo de internamiento de Vernet d'Ariège, donde estuvo Aub
Arturo Gómez Landeiro es un tímido joven que acude a un baile en la noche del domingo de Carnaval. Allí conoce a una retraída muchacha de tez muy pálida con la que baila toda la noche. Al acompañarla a casa, como está lloviendo, le deja su gabardina para que se proteja del agua y la cita para el día siguiente a las seis en el mismo lugar. Ella se niega a facilitarle ningún dato sobre sí misma –únicamente su nombre, Susana- pero Arturo ha visto donde vive.
El joven, completamente enamorado, acude a la cita pero la muchacha no aparece. Como sabe cuál es su casa y ella tiene su gabardina, halla la excusa perfecta para volver a verla: se presentará allí para recuperar la prenda. Ni corto ni perezoso, pica a su puerta y le responde una anciana de indudable parecido con la joven, pero, al preguntarle por ésta, la mujer es víctima de un síncope. Sin duda, es la casa, pues hay fotos de la muchacha.
Una vez la anciana se ha recuperado, hace saber al infeliz Arturo que, en efecto, la joven era su sobrina y vivía allí, pero ha muerto hace cinco años. El joven cree que la pobre mujer desvaría y le sigue la corriente, pero ésta se ofrece a acompañarlo al cementerio para que vea su tumba. Arturo no termina de dar crédito a la anciana. No obstante, la acompaña y, una vez allí, ve con pavor que, en efecto, la muchacha está enterrada allí y su gabardina se encuentra tirada a los pies de la tumba.

Veracruz (México), donde residió Max Aub en el exilio
Como podemos apreciar, es una narración de terror que nos recuerda a leyendas urbanas del tipo de ‘la chica de la curva’, que se aparece a los conductores para decirles que tengan cuidado, pues en esa carretera se mató ella, y luego desaparece.
No obstante, a nuestro juicio, no resulta lograda. La ironía con que el autor rodea el relato hace que no se cree la atmósfera de misterio que correspondería a una narración de este tipo. Un ejemplo: cuando Arturo descubre la tumba, una muchacha pasa cantando, al otro lado de la tapia ‘Rascayú, cuando mueras, que harás tú’. No sabemos si ello es intencionado por parte de Aub, pero lo que es evidente es que, así, no hay forma de asustarse.
Quizá el cuento sólo sea un juego, al que tan dados son, en ocasiones, los escritores, y -más que ninguno- éste, que era capaz de inventarse falsos pintores y poetas. De cualquier modo, la obrita no pasa de ser un relato correcto, bastante bien escrito, pero sin mayores ambiciones ni méritos. Si pretendía asustarnos, no lo ha logrado. Y, si pretendía hacernos reír, tampoco, pues la ironía no está bien construida ni resulta apropiada.
Fotos: Portada: tomada de Iberlibro | Baviera: Drachsi en Wikimedia | Vernet d’Ariège: Yeza en Wikimedia | Veracruz: Gengiskamhg en Wikipedia

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1 Comentario en “‘La gabardina’, de Max Aub”
Necesito la biografia de Luis Arturo Lemus Originario de Tactic Alta Verapaz, guatemala y si es posible una fotografia