El Romanticismo fue mucho más que un movimiento literario o artístico. Resultó ser toda una filosofía vital, una forma de entender la vida –o, mejor dicho, de no comprenderla- que dio lugar a un tipo muy curioso de personaje: el conocido como ‘hijo del siglo’.
Se denominó así, ya en la época, al joven sensible y melancólico, enamoradizo, bohemio y con veleidades artísticas, que se hallaba desubicado en una sociedad que comenzaba la industrialización. Un carácter que no pocas veces terminó en el suicidio. Podrían citarse un sin fin de ejemplos de esta actitud vital: en España, son muy evidentes los casos de Larra y, en una variante belicosa y rebelde, de Espronceda, pero los hubo en todas partes.
De hecho, si hubo un país en el que abundaron como en ningún otro, éste fue Francia: Lamartine, Nerval, Musset -autor de un libro de poemas titulado precisamente Confesiones de un hijo del siglo- e incluso, un poco más tarde, Baudelaire, son muestras proverbiales de ello.
Pero también un escritor tan aparentemente realista como Gustave Flaubert (Rouen, 1821-1880) tenía mucho de ello. Desde su atalaya de burgués provinciano, jamás se sintió cómodo en un mundo cada vez menos adaptado a su gran sensibilidad. De hecho, su obra fundamental, Madame Bovary, es entre otras muchas cosas la historia de una insatisfacción vital.
Pero también otra de sus novelas es la vida de un ‘hijo del siglo’. Se titula La educación sentimental y cuenta la historia de Federico Moreau, un joven que sueña con la gloria y la felicidad pero desperdicia su vida en mediocres aventuras galantes y, cuando se decide a ir en busca de la muchacha que lo ama y espera, ésta ya se ha casado con otro. Es, en buena medida, la historia de un hombre que se asfixia en el mundo en que le ha tocado vivir.
Y, en este sentido, si Flaubert decía “Madame Bovary soy yo”, es evidente que Moreau también es él, que, en un momento dado, tuvo que refugiarse del mundo en su propiedad de Croisset. Quizá amargado por el proceso a que se vio sometido por su Madame Bovary, acusado de escándalo público, quizá simplemente disconforme con un mundo que consideraba prosaico y vulgar, el hecho es que sus últimos años contemplaron un envejecimiento prematuro y un encierro voluntario en el campo.
Tan es así que, cuando murió con sólo cincuenta y nueve años, parecía un anciano. Para entonces, había legado a la posteridad estas dos obras maestras que constituyen un extraordinario estudio de la condición humana.
Podéis leer la obra en este enlace (la primera parte) y en este otro (la segunda).
Fuente: Dominiopúblico.
Fotos: Flaubert: Cod_Gabriel en Flickr | Rouen: Kamel15 en Wikimedia.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.