
Otra aventura de Hercules Poirot
El cuento policial supone el baraje de posibilidades y variantes de culpables en delitos o crímenes que proponen la participación de varios actores. Los maestros de este género mantienen la tensión hasta el final, manejando la duda respecto a la inocencia o fechoría de los personajes del relato. En este género narrativo destacó la escritora inglesa Agatha Christie, quien con su cuento ‘La doble pista‘, nos lleva a otra aventura del detective belga Hercules Poirot, para develar el robo de unas joyas al coleccionista Marcus Hardman, quien las perdió en un té donde invitó a amigos íntimos, pero por prejuicio, este millonario sospechaba del joven plebeyo Bernard Parker, por hallar una cigarrera en su caja de caudales con las iniciales B.P.
Resultó que la cigarrera pertenecía a la condesa rusa Vera Rossakoff, en el alfabeto de su idioma natal y ella accedió a devolverlas a Poirot para liberar de culpa al joven Parker, quien podría haber extraviado un guante, pero no dos cosas juntas. Hay otros sospechosos que son descartados, como el millonario sudafricano Johnston, el último en salir de la reunión, cuya coartada de su secretario convence a Poirot de su inocencia y una mujer inglesa Lady Runcorn, cuya tía era cleptómana, también liberada de culpa por el inspector. En estos relatos, el narrador es el amigo de Poirot, Hastings, lo que permitiría acomodar estos casos en algo muy cercano a un orden cronológico de aventuras.
El criterio de la víctima del hurto condiciona la solución del caso
La revolución rusa de 1917, exilió a los nobles por el resto de Europa con sus economías mermadas. Salvaron algo de su fortuna y se relacionaron con millonarios, empresarios, quienes estaban fascinados por el contacto con estos aristócratas. Hardman posee un sesgo social, para él, el ladrón es Parker, por ser plebeyo y aficionado al casino, con esta visión, le parece inconcebible que la condesa Rossakoff sea la autora del hurto. Esta mujer, descubierta por Poirot, no pierde la calma, devuelve las joyas y muestra cooperación. Poirot admira su decisión y para evitar el escándalo periodístico que temía Hardman no entrega a la condesa a la policía. Él siempre cerebral llegó a descubrir que la cigarrera de plata correspondía en ruso a las iniciales de la condesa.
Hastings es un observador del procedimiento analítico de Poirot, ninguno de ellos sabe ruso, pero el detective belga lee unas primeras lecciones para encaminarse a la solución del caso, pues hay un margen de duda sobre la identidad de la condesa, sin embargo esta duda se disipa al final. Para la lógica de Poirot, dos pistas no podían ser dejadas ni siquiera accidentalmente por una misma persona, el caso parece sencillo conforme el detective descarta culpables y depura las ramas de su árbol de decisiones. También es una constante en estos relatos la calma de Poirot, quien gracias a su temperamento resuelve casos evitando la violencia.
En otros cuentos, donde se trata de asesinatos como en ‘Accidente’, Poirot es implacable. Aquí el caso se puede salvar conservando las apariencias de las relaciones sociales entre aristócratas que no quieren hacer públicos sus conflictos o traiciones por móvil de ambición.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.