Las principales preocupaciones del ser humano son universales y atemporales. Por mucho que pasen los años y las técnicas nos proporcionen nuevos instrumentos que hacen nuestra vida más cómoda, se mantienen invariables.
Por ello, un teatro de tipo psicológico que ahonde en ellas conservará siempre su actualidad. No es casual que algunas obras de William Shakespeare continúen siendo las más representadas ni que las de August Strindberg parezcan escritas ayer mismo. Ello se debe a que los problemas que plantean poseen absoluta vigencia, ya que se hallan en la esencia misma del Hombre.
Lo mismo sucede con los dramas del noruego Henrik Ibsen (Skien, 1828-1906), quién, además, muestra un componente feminista que les otorga aún mayor actualidad y que, con su peculiar forma de entender la obra dramática, abre las puertas al teatro moderno.
En efecto, la gran mayoría de las obras de Ibsen presentan personajes femeninos poderosos. Mujeres independientes –en ocasiones, hasta el extremo del egoísmo- que, ante una disyuntiva importante, escogen por sí mismas el camino a seguir, alterando por completo su vida y la de sus familias. Este destacado rasgo de su teatro le costaría más de un disgusto al dramaturgo.
Tras unos inicios en que cultiva un drama al estilo del posromanticismo en boga, Ibsen pone su pluma al servicio de un compromiso social. A este periodo pertenecen algunos de sus mejores obras, técnicamente adscritas al Realismo. Pero la madurez dramática del escritor se encuentra en sus últimas creaciones, a medio camino entre lo psicológico y lo simbólico y que presentan problemas atemporales del ser humano.
A este último periodo pertenece La dama del mar, estrenada en el Teatro Cristianía de Oslo en 1889. Su protagonista, Ellida, es la hija de un farero y se ha criado en contacto con el mar. Pese a estar comprometida con un marinero, cuando éste debe huir a causa de haber matado a su capitán, la joven se casa con el viudo doctor Wangel, que tiene dos hijas.
El conflicto se desencadena cuando el marinero, que posee ascendiente sobre la protagonista, regresa para reclamar el antiguo compromiso. El doctor deja a Ellida la posibilidad de elegir con libertad su futuro y ésta sabrá hacerlo con suficiente juicio.
A diferencia de otros dramas del noruego, en que la protagonista rompe sus vínculos de un modo demasiado revolucionario para su época, en esta obra Ellida resulta un personaje más verosímil y logrado. Y en este sentido también se aprecia que Ibsen ha alcanzado su madurez creativa.
Podéis leer la obra aquí.
Fuente: Ibsen.net.
Fotos: Henrik Ibsen: Orland en Wikimedia | Monumento a Ibsen: Jcorrius en Flickr.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
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