
Eduardo Mendoza, en una firma de libros de 2008
La novela histórica ha gozado de gran auge en nuestras letras a lo largo de los últimos veinticinco años. Pero, a diferencia de lo que sucedió durante el Romanticismo –otra etapa de apogeo del género-, en el que el periodo narrado era fundamentalmente el medieval, en nuestros días la tendencia novelística es historiar las épocas más recientes de nuestro pasado. Y, en este sentido, resulta significativa la insistencia en nuestra Guerra Civil.
Pero no sólo se centra la novela en esta etapa. Es también relevante el grupo de narraciones que se ocupan del periodo anterior, es decir, la España de la Restauración (1875-1931).
Otro rasgo destacable es la inclusión en estos relatos de elementos de otros géneros novelísticos, tales como el ‘folletín’, el policiaco o el de ciencia-ficción, así como la utilización de recursos literarios procedentes de la renovación de las técnicas narrativas acaecida en los años sesenta –variación del punto de vista o perspectivismo, uso del monólogo interior, saltos temporales, utilización de elementos procedentes de otros géneros, como el ensayo o el periodismo, etc-. El resultado de todo ello es una novela histórica moderna, fruto de la simbiosis de los distintos géneros citados y de la utilización de recursos procedentes de otros campos de la literatura.
Uno de los autores que mejor ha sabido llevar a cabo esta renovación es, sin duda, Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), autor de una obra primeriza excelente –‘La verdad sobre el caso Savolta’ (1975)- y que ha sabido continuar su trayectoria proporcionando al lector narraciones que, si bien –en palabras de la crítica- no han superado a ésta, tampoco han defraudado a sus seguidores.
Aparte la que nos ocupa, cabe citar sus numerosas e hilarantes incursiones en el género policiaco –al que proporciona un investigador peculiar, recién salido del manicomio, aunque no del todo curado- con ‘El misterio de la cripta embrujada’, ‘El laberinto de las aceitunas’ o ‘La aventura del tocador de señoras’, así como la no menos disparatada ‘Sin noticias de Gurb’, sobre un extraterrestre aterrizado en la Barcelona preolímpica. Su última novela –hasta ahora-, ‘El asombroso viaje de Pomponio Flato’ ha aparecido el pasado año.
Tanto por su primera obra como por ‘La ciudad de los prodigios’, Mendoza es considerado, con toda justicia, el narrador de Barcelona, el escritor que más ha profundizado en la idiosincrasia de la ciudad condal y sus gentes.
‘La ciudad de los prodigios’ fue publicada en 1986 y, en ella, se narran las vicisitudes de un emigrante sin dinero ni escrúpulos que terminará siendo el hombre más rico de España.
Onofre Bouvila es un muchacho que llega a la Barcelona que prepara la Exposición Universal de 1888. Es un campesino cuyo padre emigró a Cuba en busca de fortuna y regresó de vacío. Ello marcará su existencia, ya que, viéndose en el espejo de su progenitor y para que no le suceda lo mismo, no albergará ningún escrúpulo en hacer cualquier cosa para medrar.
En principio, reside en una pensión y reparte octavillas anarquistas. Con la hija de sus caseros tendrá su primera aventura sentimental. De la propaganda pasará a vender crecepelo y conocerá a su perfecto complemento, Efrén Castells, un gigantón tan fuerte y fiel como poco inteligente. Su amistad perdurará para siempre y, uno aportando la fuerza y otro la inteligencia, prosperarán en aquella ciudad convulsa.
Ambos entrarán al servicio del jefe mafioso de la ciudad y, entre luchas intestinas y traiciones, acabarán convirtiéndose en los dueños del hampa barcelonesa. A partir de ahí, la inteligencia natural y los escasos escrúpulos de Onofre harán el resto. Sería muy largo enumerar todos los avatares que el campesino y el gigante van atravesando hasta llegar a la cima del poder y la prosperidad.
Pero la obra va más allá. A través de las aventuras de Bouvila vamos contemplando la modernización de la ciudad condal, que abandona sus murallas y, con el ensanche, se abre al mundo. En este sentido, es una excelente crónica histórica del devenir de la ciudad entre 1888 y 1929, fechas durante las que transcurre la novela.
A nuestro juicio, la novela -en tanto narración de las aventuras y argucias de un muchacho pobre que busca prosperar en la vida- emparenta con la picaresca. Al igual que en estas obras, asistimos a la biografía de un joven que, a través del desempeño de varios oficios y mediante engaños y delitos peores, va labrando su prosperidad.
Los pícaros eran marginados sin muchos escrúpulos que servían sucesivamente a varios amos, a los que engañaban y robaban para ascender en la escala social. Si trasladamos este argumento a la Barcelona de 1888, vemos una historia similar. Lo que hace Onofre es lo mismo: va trabajando para varios cabecillas y elevándose en la sociedad a través de su ingenio y escasos escrúpulos.

Barcelona
No obstante, podemos apreciar una diferencia entre unos y otro. El pícaro de nuestro Siglo de Oro nos resultaba simpático. Aunque delincuente, sus delitos eran menores y casi siempre le proporcionaban mayores desgracias que beneficios –piénsese en el Lazarillo-. Además, su origen era desgraciado y no dejaban de ser víctimas de una sociedad injusta.
Pero con Bouvila no nos sucede lo mismo. Sus delitos son mayores, como su condición personal perversa. No siente afecto por nadie –ni siquiera por el fiel gigante-, sólo por su propio beneficio. Su trayectoria va dejando cadáveres en el camino. Es, en suma, una persona de mala condición y sus delitos gravísimos. Además, si el pícaro nunca alcanzaba el ansiado honor, Onofre acaba codeándose y mandando sobre Ministros y Presidentes, que son guiñoles en sus manos.
Mendoza narra toda esta historia con finísima ironía que, a veces alcanza el sarcasmo. Es un maestro en el manejo del lenguaje para lograr este recurso literario y, por momentos, a pesar de la seriedad de la anécdota que cuenta, no podemos evitar la risa.
Aunque la crítica valora unánimemente más ‘La verdad sobre el caso Savolta’, cuyas calidades –por otra parte- nadie discute, ‘La ciudad de los prodigios’ ha otorgado mucha mayor popularidad a su autor. Por algo será. En cualquier caso, se trata de una extraordinaria novela -a nuestro juicio- de fácil lectura y muy difícil de abandonar una vez comenzada.
Lectura de la obra | ‘La ciudad de los prodigios’ en Bibliotheka
Fotos | Eduardo Mendoza: Miguel A. Monjas en Wikipedia | Vista de Barcelona: Marrovi en Wikipedia

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