Hay temas que son bastante recurrentes en la literatura. Por ejemplo, el tema de la infidelidad conyugal está presente en obras como Ana Karénina, Madame Bovary, El amante de lady Chatterley o El eterno marido. El amor parece ser un tema amplísimo, y las mejores obras de la literatura no son ajenas a este asunto; el amor es complejo, y esta complejidad se manifiesta en textos poéticos, narrativos o dramáticos a lo largo de los siglos. La obra que comentaré ahora es un clásico de la literatura española, La Celestina, que aborda el tema de la alcahuetería, aunque lo cierto es que no es el primero ni el último trabajo literario que se extiende en este tema. Sobre el título de esta obra, personaje epónimo en el texto, se sabe que es la tradición de los lectores las que implantaron esta forma de nombrar la obra, dado que el texto original, escrito por Fernando de Rojas es Tragicomedia de Calixto y Melibea. La trama es sumamente interesante, y por su naturaleza es difícil que se circunscriba al texto dramático, como pudiera parecer. Muy difícilmente la obra pudiera representarse por actores, debido a la extensión del texto. En la edición de Editorial Planeta que yo tengo en mi biblioteca se cuentan casi trescientas hojas. ¿Cómo se puede representar tantas horas de texto narrativo? Aunque el texto está constituido por diálogos con alguna hondura psicológica e incluso filosófica, y en el inicio de cada uno de los autos se puede leer indicaciones, y síntesis de las acciones narradas; pero es palmaria la ausencia total de indicaciones escénicas, ausencia que puede servir para diferenciar a La Celestina de otras obras dramáticas de larga tradición, como las tragedias de Shakespeare. Una diferencia central con las obras teatrales es algo que tal vez resulte curioso: no existían teatros en España tal como los conocemos hoy, sino que las escenificaciones se hacían al raso, en lugares públicos.
La obra estuvo incluida en el índice católico, no por sus alusiones a cierto libertinaje sexual, la alcahuetería, las acciones reñidas con la ley o la moral. No, estuvo prohibida por ciertos pasajes con conceptos teológicos controversiales. Es curioso cómo en ciertas obras, la Iglesia Católica no censura un léxico procaz, por ejemplo, pero sí otros aspectos antagónicos con la doctrina oficial.

Yo he leído la obra dos veces en un mismo periodo de tiempo para afrontar un examen de Literatura Medieval Española, requisito para el pregrado en Literatura Hispánica. No puedo decir honradamente que me pareció un portento, pero tampoco voy a negar las virtudes que este texto exhibía. El hecho de que se incluya en el curso de Literatura Medieval Española tal vez vaya en contradicción con la época en que se escribió el texto, pues, como es sabido, la imprenta ya era común en esos días y se considera a la imprenta una de los símbolos de la llegada de la Edad Moderna. Claro, no existen fechas exactas, pero consideremos que la negación a una castidad, iba en contradicción con la mentalidad medieval, que ponía especial énfasis en la sexualidad reprimida durante la soltería; por ende, vemos que sí existe un parecido con el sentir renacentista. No obstante, vemos un parecido con el Medioevo al advertir la invocación al triste Plutón por parte de esta alcahueta Celestina, pues en muchas obras de la Edad Media era cosa común, consuetudinaria, la mención a las artes mágicas, sobre todo por parte de los impíos.
Estuve revisando hace algunas horas mis exámenes pasados con la esperanza de encontrar textos de mi autoría sobre esta obra de género inclasificable. Quedé sorprendido de no haber optado por resolver preguntas en el examen final del curso sobre La Celestina. Mi sorpresa dimanaba del hecho de que conocía la obra como la palma de mi mano, después de haberla leído dos veces, incluso estudiando en detalle qué personajes aparecían en la obra y cuáles eran sus participaciones, las escenas principales, incluso el episodio del regalo de polvos para el mal aliento que se hace a un personaje de la obra. Como la sexualidad, esta degradación (la halitosis) se manifiesta en la obra, incluso al describir a personajes entrañables para el lector, lo cual da un tono franco, honesto, con características muy humanas.

El amor de los amantes, incluso después de la muerte de varios personajes de relieve, es el motivo principal de la obra. En la edición de la Editorial Planeta con la que cuento, se lee en un prólogo una interrogante notable: ¿Por qué no piensan los amantes en matrimonio? Se ensayan diversas causas, sobre todo la concepción de amor cortés que hace considerar a la belleza física como lo principal, sin acudir a la declaración amorosa directa, sino que ésta es patrimonio de relaciones conyugales. La configuración de las personalidades resultan tales que se tienen dos polos: una Melibea furiosa y otra enamorada, en dos actos o escenas diferentes. Además se observa en las páginas de esta obra que el suicidio, tan vitando para la cosmovisión religiosa de toda época, se presenta por causa del amor de Calisto, después de las muertes de dos de los personajes por diversas razones, una es Celestina justamente. Como existió esta alcahueta, existe también un rufián. Parece un submundo que comercia con el amor pasional. Muchas obras han imitado este planteamiento. En el Perú, mi patria, existe una obra clásica, llamada Ña Catita que también aborda el tema del “celestinaje”, pero con matices propios en una obra que justamente es de género teatral. El texto de Rojas parece teatral, pero es en realidad un texto inclasificable, como ya he señalado. Quizás lo único que se puede decir con seguridad es que el diálogo es aquello que pone en funcionamiento el texto, o que el diálogo constituye prácticamente toda la obra, haciéndola distinta de otras creaciones de su época. Entonces se tiene lo que se asume por ciertos teóricos contemporáneos de la literatura, que hay que fijarse no en lo que señala el texto, sino en cómo funciona éste. La estructura dialógica es la pauta, pero el fondo del texto también es interesante y se aparta de los temas místicos o didácticos de las obras medievales que han pasado a la historia de la literatura de lengua española. En efecto, en trabajos de Berceo, o incluso en las coplas a la muerte de su padre, Manrique y Berceo no se extienden en el asunto del amor de pareja, como sí ocurre con esta novela, quizás el primer clásico amoroso de la literatura de España.
Si desean puden descargar La Celestina de los siguientes enlaces:
Versión transcrita por Charles B. Faulhaberoriginal, verificarla aquí.
Versión comedia de Fernando Rojas, verificarla aquí.
Las imagenes son de la Web de la Biblioteca Cervantes.


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