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Teatro de la Generación del 27

‘La casa de Bernarda Alba’, de Federico García Lorca

Una tragedia sobre la frustración vital
Luís Martínez González
07:00h Jueves, 21 de mayo de 2009
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El panorama teatral español en los primeros años del siglo XX era bastante pobre. Imperaba un drama neorromántico y grandilocuente en verso, al más puro estilo de Echegaray. Tan sólo Benavente, con su comedia burguesa y sus dramas rurales mostraba una mayor modernidad, aunque, tras unos inicios prometedores, se hallaba un tanto anquilosado. Habría que esperar a la llegada de Valle-Inclán, con sus brutales ‘esperpentos’ para asistir a una verdadera renovación.

Busto de Federico García Lorca, en Rosario

Busto de Federico García Lorca, en Rosario

Y, tras éste, como dignísimo sucesor, nos encontramos a Lorca. En efecto, Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-1936) ha pasado a la historia de nuestras letras como un excepcional poeta, pero, también, como una de las cumbres de la dramática moderna. Tan es así que, a nuestro juicio y sin negar en absoluto el valor de su obra poética, es mayor la calidad de su obra teatral.

Y es que Lorca es, en sí mismo, una figura trágica y no sólo por su triste final. Su personalidad alegre y desbordante ocultaba un sentimiento de frustración, un íntimo dolor de vivir, que se plasma en toda su obra y muy en especial en sus criaturas teatrales.

De entre las muchas opiniones que el granadino expuso acerca del arte dramático, quizá la más expresiva sea la que encontramos en estas palabras suyas de 1934: ‘El teatro es una escuela de llanto y de risa, y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas, y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre’.


Tras unas primeras obras en que las afinidades con el teatro modernista son inevitables, pronto adquirirá una voz propia. En su primer triunfo, ‘Mariana Pineda’ (1925) aún se observan las influencias formales del teatro modernista que señalamos, sobre todo de Marquina. Pero será en los seis últimos años de su vida cuando Lorca se dedicará con preferencia al teatro y creará sus mejores obras.

Casa natal del escritor en Fuentevaqueros (Granada)

Casa natal del escritor en Fuentevaqueros (Granada)

La temática de estas presenta una unidad asombrosa, que, en cierto modo, es similar a la de su poesía. El anhelo de realización, expresado a través del conflicto entre realidad y deseo, es su eje esencial. Lorca crea personajes, casi siempre mujeres, condenadas a la soledad o que viven un amor trágico cuyo destino es la muerte. Y, muy especialmente, abocadas a la esterilidad, a la maternidad insatisfecha. Pero, contra lo que pueda parecer, no se trata de un teatro feminista, sino de la tragedia de la persona condenada a la frustración vital, producida, unas veces, por el paso del tiempo y la muerte y, otras, por los prejuicios de casta o las convenciones sociales. Los personajes resultantes son, así, verdaderos mitos trágicos.

Formalmente, el autor utiliza cauces variados: la farsa violenta, el drama surrealista o la tragedia de ambiente rural, donde el entorno es más asfixiante para la persona.

Precisamente, es en estos lugares de la España campesina donde Lorca halla los escenarios propicios para sus tres obras cimeras: ‘Bodas de sangre’ (1933), en la que la pasión desborda las barreras sociales y morales, pero desemboca en la muerte; ‘Yerma’ (1934), tragedia de la esterilidad forzosa; y ‘La casa de Bernarda Alba’ (1936), culminación donde se condensan todas sus obsesiones.

‘La casa de Bernarda Alba’ fue escrita en 1936, terminada pocos días antes de la detención del autor, pero no fue estrenada hasta 1945, en Buenos Aires, por la compañía de Margarita Xirgu.

Margarita Xirgu, que estrenó la obra en Buenos Aires

Margarita Xirgu, que estrenó la obra en Buenos Aires

Tras enviudar por segunda vez, Bernarda Alba decide guardar un rigurosísimo luto, tanto ella como sus cinco hijas. Impondrá esta decisión con tiranía férrea. Pero todo se complica cuando la hija mayor atrae a un pretendiente, Pepe el Romano, que desata en la opresiva casa celos y pasiones. Pero es, sobre todo, la hija pequeña, Adela, la que se subleva ante la muerte en vida a la que quiere someterlas su madre, impulsada por las convenciones sociales. Cuando la muchacha muere, Bernarda se esfuerza en hacer saber su virginidad, para salvar las apariencias, pues había quedado preñada de Pepe.

Debemos señalar que el propio Lorca calificó la obra como ‘drama de las mujeres de los pueblos de España’. Y, en efecto, esa tragedia se muestra con fuerza insuperable: un ambiente cerrado, sofocante, el luto impuesto por la matriarca y la prohibición de salir a la calle agudizan un erotismo reprimido y desembocan en la fatalidad. Y, como causa, las convenciones sociales asfixiantes del ambiente rural: el orgullo de casta y la moral del honor, cuya encarnación es la gigantesca figura de Bernarda. Frente a ella, la juventud de sus hijas que exige salir de ese ambiente, aunque su actitud oscila entre la sumisión de Magdalena y la rebeldía de Adela. Una vez más en Lorca, la muerte –el suicidio de la joven- será la consecuencia.

Lorca, que advirtió de la intención documental de esta obra, intensifica esa contraposición entre dos actitudes vitales. De un lado, el ambiente que resulta hermético, absolutamente cerrado, y que se enmarca significativamente por la primera y la última palabra de Bernarda, suma sacerdotisa de él: ‘Silencio’. De otro, las hijas, que personifican el ansia de libertad, incluso sexual, ante un poder absoluto que somete su personalidad.

Con todo ello, el dramaturgo alcanza con creces su objetivo, que no es otro que poner en evidencia la maldad de unas convenciones sociales pacatas y pueblerinas que anulan a la persona. El honor mal entendido, la moral de las apariencias y del ‘qué dirán’, y los prejuicios sólo pueden conducir a un destino trágico.

Monumento a Lorca ante el Teatro Español de Madrid

Monumento a Lorca ante el Teatro Español de Madrid

Dos figuras resaltan sobre el conjunto de manera abrumadora. Por una parte, Adela, que es la que intenta sublevarse ante esa opresión y acaba abocada al suicidio. Y, por otra, y muy especialmente, Bernarda, grandiosa creación dramática del autor, verdadero mito trágico, en el que Lorca concentra todos los aspectos negativos. A pesar de ello, la matriarca no deja de ser también una víctima de las convenciones sociales que impone: ha sido educada así y no conoce otra vida que inculcar a sus hijas.

En suma, ‘La casa de Bernarda Alba’ es una excepcional muestra de la frustración vital provocada por unas normas sociales ancladas en la anormalidad. Que nadie espere en ella las bellezas de la poesía. Muy al contrario es una obra muy dura y difícil de digerir, pero extraordinaria.

Fotos: Busto de Lorca: Mrexcel en Wikimedia | Casa natal: Berlanga22 en Wikipedia | Margarita Xirgu: Cvbr en Wikipedia | Monumento a Lorca ante Teatro Español: Tizianok en Wikimedia

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