Novela
Narrativa realista

La cartuja de Parma, Stendhal y su fascinación por Italia

Peripecias de un joven con aspiraciones de poder
Luís Martínez González
08:56h Lunes, 05 de septiembre de 2011
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La novela realista en Francia presenta tres figuras indiscutibles, que además se cuentan entre lo más granado de la Literatura Universal.

Una de ellas, Gustave Flaubert, nos ha legado, con su Madame Bovary, uno de los mejores retratos de la psicología femenina de la historia de las letras. Otra, Honoré de Balzac, con su Comedia humana, creó un vasto mosaico de la sociedad francesa de la era napoleónica y la posterior restauración monárquica.

Foto de Florencia

Una vista de Florencia, cuyos monumentos admiraron especialmente a Stendhal

Y la tercera, Stendhal, ha enseñado a la posteridad las bellezas del arte italiano hasta el punto de que se denomina con su nombre a un síndrome que sufre el turista tras contemplar tanta genialidad y que se caracteriza por desorientación y mareos.

Y es que Henry Beyle (Grenoble, 1783-1842), verdadero nombre de Stendhal, se sintió tan fascinado por la belleza de Italia que terminaría por instalarse en ella e incluso llegó a traducir su nombre al idioma transalpino, haciéndose llamar Arrigo.

Su primera visita, curiosamente, se produjo como invasor, integrando las tropas napoleónicas que atravesaron los Alpes en 1800. Pero no sería hasta quince años después cuando se instalaría en Milán.

Del mismo modo, toda su obra ensayística –entre la que se cuentan algunas de las descripciones del arte italiano más certeras que se hayan escrito- y mucha de la narrativa están dedicadas o ambientadas en su país de adopción.

Así sucede con Vanina Vanini, Vittoria Accoramboni y, sobre todo, con su novela La cartuja de Parma, publicada en 1839 y considerada por la crítica como su mejor narración extensa.

Cuenta las aventuras del aristócrata parmesano Fabrizio del Dongo, un joven al que su familia trata de introducir en los círculos de poder de la corte durante los últimos años del dominio napoleónico en Europa.

Será su fascinante tía, la duquesa de San Severino, con la ayuda de su amante el conde Mosca, a la sazón primer ministro del ducado, quién tratará de promocionar al sobrino mediante todo tipo de intrigas. Sin embargo, el amor se cruza en el camino de Fabrizio cambiándolo todo.

Como vemos, el Romanticismo, en este momento de transición hacia las técnicas realistas, se halla aún muy presente. De hecho, Fabrizio, como el Julián Sorel de Rojo y negro, son héroes puramente románticos.

No obstante –y esto lo convierte en integrante del Realismo- el rasgo más destacado de la novela es la profundización psicológica que Stendhal realiza en sus personajes, que se nos aparecen perfectamente perfilados y complejos.

En suma, se trata de una excepcional novela que figura por méritos propios entre las más importantes de la Literatura Universal.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: El Poder de la Palabra.

Foto: Florencia: Echiner 1 en Flickr.

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