
Londres, ciudad natal de Burke
En cuentos de terror de autores célebres como Poe y Lovecraft, la muerte es un fenómeno complicado que presenta niveles para que un personaje se vaya adentrando en ella. A occidente llegan las leyendas sobre zombis de África, muertos vivientes que pierden su voluntad para trabajar como esclavos de un amo que controla su mente. Estos temas están presentes en el cuento ‘El hombre hueco ‘, de Thomas Burke, autor inglés quien presenta un caso extraño del encuentro de víctima y victimario, luego de la resurrección del hombre asesinado por magia negra.
Gopak era amigo de Sinnombre, quien lo asesinó luego de una discusión en África, al encontrarse porque el zombie lo busca para pedir ayuda, no hay intención de venganza, tampoco en Sinnombre existe un claro arrepentimiento, sino la incomodidad de tener a un cadáver en su casa y negocio de comidas, donde se siente presionado por ocultar el secreto a los comensales y su familia. Este espectro del pasado solo sale de su marasmo y depresión cuando habla con la hija de su asesino, una adolescente apodada Burbujas, pues el resto del tiempo vive cosificado.
La purga de la falta del asesino
Sinnombre muestra cierto pesar por haber matado a Gopak, por una cuestión mágica solo él puede volverlo a matar. En ciertos momentos, este muerto recuerda al muerto resucitado del poema ‘Masa’ de César Vallejo; por su solemnidad y tristeza, que se traduce en un profundo cansancio en el relato. Los clientes del comedor de Sinnombre sienten rechazo por este tipo raro, pero nunca saben la verdad, pues se trata de una visita de la muerte, su estadía entre los vivos hecha acto de presencia ominosa.
La segunda muerte es un descanso necesario para el cuerpo de Gopak, resucitado sin espíritu por los hombres leopardo para que les ayude en labores de labranza. Por otro lado hay intención de hacer el relato visceral con cierto humor negro, pues la muerte no es compañera de los almuerzos ni las cenas, se actualiza el asco en potencia con efectos como una voz acuosa del zombie. Estos aspectos están disociados y su convivencia es tan forzada como el querer disfrutar de la comida viendo las noticias de crímenes.
La muerte se pinta como un constructo de niveles donde el cuerpo puede suspender el sueño en ausencia del alma. Sin embargo queda un rezago de memoria en el zombie, a pesar de tener una voluntad quebrada por la falta de fuerzas físicas y la tristeza crónica que le acompaña. En Sinnombre no hay tendencia a la culpa sino al fastidio, mientras se desvivirá por asesinar de nuevo a Gopak para ayudarle a descansar.
Foto: Londres por Reservasdecoches.com en Flickr

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