Es muy conocido el caso del sin par Arthur Rimbaud, excepcional poeta ‘maldito’ francés, que, con diecinueve años y tras haber escrito poemas tan hermosos en la forma como abominables en el fondo, se olvidó de la creación literaria para dedicarse a sus negocios y jamás volvió a publicar una sola línea. Pero el suyo no es el único caso de poeta que se exilia de la creación literaria.

André Bretón, uno de los creadores del Surrealismo
Otro autor que siguió estos mismos pasos, si bien es cierto que para dedicarse a otros géneros y con una obra publicada mucho más extensa, fue el español Juan Larrea (Bilbao, 1895-1980). Y si lo hizo no fue por falta de talento, pues su papel en los movimientos de vanguardia de entreguerras es fundamental y a él se debe la adscripción al Surrealismo de muchos de los poetas de la Generación del 27.
Se inicia en el Creacionismo -promovido por el chileno Vicente Huidobro y variante de otra corriente de vanguardia, el Ultraísmo- que propugnaba una creación poética fruto del puro juego de las palabras al azar, y cuyas imágenes eran resultado de la intención del poeta, que engarza dos realidades a capricho.
Pero pronto –tras su estancia en París- se sumará al Surrealismo de Bretón, que tanto debe al movimiento anterior y que constituye la más importante e influyente de todas las tendencias del Vanguardismo. Larrea nunca se reconoció surrealista pero su adscripción es indudable por el irracionalismo que preside todas sus composiciones.
Basado en las teorías freudianas sobre el subconsciente, el Surrealismo propugnaba una liberación total del poder creador del hombre. Y, para ello, en el caso de la literatura, el autor debía escribir al dictado de un pensamiento libre de toda vigilancia de la razón, elemento contaminado. Por ello, aparecen técnicas como la llamada escritura automática, la unión aleatoria de palabras y frases o la reseña de los sueños, elemento freudiano por excelencia.

Vista de Bilbao, ciudad natal de Larrea
El resultado, muy apreciable en los poemas de Larrea, son composiciones que, lingüísticamente, no transmiten mensaje coherente alguno, pero que sí provocan sensaciones; las imágenes y metáforas que carecen de sentido en el contexto en que aparecen o la presencia de lo onírico y, en casos más extremos, hasta lo delirante.
Como decíamos, Larrea abandonó la poesía con tan sólo treinta y dos años para dedicarse al ensayo, pero su contribución al desarrollo de la lírica moderna ya había sido muy importante.
Podeis leer una antología de sus poemas aquí.
Fotos: André Bretón: Michel Poiccard1 en Flickr | Bilbao: Eneko 123 en Flickr

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