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Clásicos, Opinión, Teatro
El delincuente honrado

Jovellanos, precursor del Romanticismo

Los duelos de honor
Luís Martínez González
16:28h Lunes, 22 de febrero de 2010
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El siglo XVIII es el del Racionalismo y la Ilustración. La Razón fue idolatrada y este hecho, no tan beneficiosa como pudiera parecer a primera vista para algunas cosas, sí lo fue para otras. Probablemente, el mejor fruto de ello fue el afán docente que preside la obra de escritores y tratadistas.

Retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos

Retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos

En efecto, todos los pensadores de la época propugnaron la necesidad de educar al pueblo, de sacarlo del analfabetismo secular que padecía y, por ende, eliminar de una vez por todas las supersticiones por las que aquél se guiaba. Este interés didáctico se trasladó pronto a la literatura y, a causa de ello, ésta es de menor calidad artística que la de otros periodos.

Este menoscabo de la calidad literaria, que ya seria importante en lo referente al ensayo, es peor cuando afecta a la lírica, al teatro o a la narrativa. No obstante, el objeto de la literatura no es sólo la pura belleza estética, sino que debe albergar contenidos humanos y, de entre ellos, no es el peor la educación.

Una vez realizada esta precisión, debemos señalar, no obstante, que también esta centuria muestra autores y obras interesantes. Y, de entre ellos, uno de los más insignes es Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-1811), insigne polígrafo que vivió todas las circunstancias de una convulsa etapa histórica. Magistrado de varias Audiencias, fundador del Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía –de nuevo el afán docente-, Ministro de Gracia y Justicia, también sufrió destierro y cárcel cuando las circunstancias políticas cambiaron.


Junto a diversas memorias e informes, escribió Jovellanos poesía y teatro. En la primera se inicio dentro del bucolismo fingido de la Escuela Salmantina de Meléndez Valdés con el seudónimo de Jovino, pero pronto se dedicó a temas de mayor trascendencia ética y moral.

En cuanto a su teatro, su producción se circunscribe a tres obras. Una tragedia de corte neoclásico, Munuza, un drama sentimental, Pelayo, y la pieza reformista El delincuente honrado, alegato contra la ley que condenaba a muerte al superviviente de un duelo, pues consideraba tan culpable al ofensor como al ofendido.

Casa natal -hoy Casa-Museo- de Jovellanos en Gijón

Casa natal -hoy Casa-Museo- de Jovellanos en Gijón

Torcuato es retado por el marqués de Montilla a duelo, aunque es el insultado. Muere el marqués y el protagonista se casa con su viuda. Pero sus amores se ven interrumpidos por un nuevo magistrado que encarcela al inocente Anselmo, amigo de Torcuato. Ante ello, éste se entrega y es condenado a muerte. La situación adquiere ribetes trágicos cuando descubrimos que el juez es, además, su padre, quién solicita el perdón real que es concedido. Con ello Torcuato retorna a la felicidad.

Genéricamente, la obra se inscribe en la llamada comedia lacrimosa, de origen francés y tintes melodramáticos. Pero su verdadero valor estriba en que anticipa algunos elementos que tendrán poco después gran protagonismo en el drama romántico. Entre ellos, el poco claro origen del protagonista, la tendencia al fatalismo o una tímida libertad en el uso de la regla de las unidades dramáticas.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Retrato de Jovellanos: Mike Licht en Flickr | Casa natal: Gijonudos75 en Flickr

Comentarios (4)

  • Anónimo
    15:26 23 septiembre 2010

    n dice nada importante sobre el romanticismo

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