Hubo un tiempo en el que los políticos eran gente preparada e incluso con inquietudes literarias. Ello no garantizaba que hiciesen una buena gestión, pero, sin duda, ayudaba bastante. Al menos, sus discursos eran de una calidad excelente y merecía la pena escucharlos. Presenciar la actuación en una tribuna pública de personas como Ortega y Gasset o Rómulo Gallegos, por poner sólo dos ejemplos, debía constituir todo un lujo.
Otro de estos políticos con dedicación a las letras –o literatos con actividad política- fue el ecuatoriano Jorge Carrera Andrade (Quito, 1903-1978), indudablemente, el más grande poeta de su país en el siglo XX. Fue también diplomático por medio mundo –Japón, Estados Unidos, Inglaterra o Francia- y esa prolongada ausencia de su tierra le produjo una gran nostalgia, muy presente en todas sus obras.

Quito, ciudad natal de Andrade
Tras un primer volumen inicial de difícil clasificación, ya que en él pueden apreciarse las más diversas influencias –desde el Romanticismo hasta el Simbolismo-, titulado ‘El estanque inefable’, se adhirió a las corrientes vanguardistas en boga, aunque más desde el punto de vista formal que en cuanto al contenido de sus poemas, pues el espíritu y el paisaje de su tierra siempre presiden estas composiciones. Pertenecen a esta etapa obras como ‘La guirnalda del silencio’ o ‘Boletines de mar y tierra’.
Hombre desengañado en cuanto a la vida, su pesimismo se vio acrecentado enormemente tras la Segunda Guerra Mundial, que produjo en él una fuerte sacudida. Desde entonces, el mundo se le revelará como un caos, una inmensa prisión, muy en la línea existencialista que en esos mismos momentos surgía en Europa. Buena muestra de ello es ‘Aquí yace la espuma’.
Pero, con el tiempo, se intensifica en el poeta la atracción por su tierra: la nostalgia de la familia, la fascinación del paisaje y el mundo rural primitivo presiden estos poemas. Esos recuerdos se erigen en refugio y descanso para su espíritu. El libro más destacado artísticamente de este periodo es ‘La llave del fuego’, impresionante alarde de metáforas y barroquismo.

Sede de la Unesco, donde Andrade fue embajador de su país
En este sentido, toda la poesía de Andrade constituye una permanente búsqueda de la perfección metafórica y en ella muestran permanencia los elementos básicos de la Naturaleza en su doble vertiente física y simbólica: el fuego, el agua o la luz recorren sus composiciones. ‘Las armas de la luz’ son un título harto significativo.
Todavía dará a luz Andrade varios libros de contenido diverso. ‘Hombre planetario’ muestra un deseo de fraternidad universal. ‘El alba llama a la puerta’ indaga sobre el ser humano. En fin, toda la obra del poeta ecuatoriano constituye una lúcida y bellísima reflexión sobre el hombre y el Universo.
Podeis leer una antología de sus versos aquí.
Fotos: Quito: Waldopics en Flickr | Sede de la Unesco: Omar Omar en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.