A juzgar por la agitada vida de algunas personas, nadie diría que se dedicaron a la Literatura o, al menos, cuesta trabajo entender cuándo pudieron escribir. Su biografía es una sucesión de viajes, visitas a distintos países y no pocas aventuras. Desde luego, con su trayectoria vital parecen empeñados en desmentir a algunos de sus colegas, que afirman que, para escribir, hay que sentarse todos los días durante varias horas ante el folio en blanco.
Este es el caso de Jan Potocki. Nacido en Pikow (entonces Polonia, hoy Ucrania) el ocho de marzo de 1761 en el seno de una acaudalada familia, fue educado en los mejores colegios de Europa. Ello le otorgó una sólida cultura que él se encargaría de incrementar a través de innumerables viajes por Italia, Túnez, Turquía, Egipto o Inglaterra.
Por entonces tenía gran afición a la Arqueología y al estudio etnológico (publicaría varios libros sobre ambos temas) y también a la aventura, pues se hizo famoso por participar en una de las primeras ascensiones en globo. Poco tiempo después, fue llamado por su amigo Czartorisky, Ministro del Zar ruso para dirigir los asuntos asiáticos del Imperio y para participar en una misión científica en China. También de ella daría buena cuenta en un excelente diario de viaje titulado ‘Memorias acerca de la expedición a China’.
Pero Potocki también estuvo en España en 1792 y, precisamente, tituló su única obra de ficción ‘Manuscrito encontrado en Zaragoza’. Resulta éste un peculiar texto narrativo de fuerte complejidad, pues utiliza la técnica de enmarcar unas historias en otras y hacerlas ramificarse. No obstante, cuenta con dos partes bien diferenciadas: la primera viene a ser una suerte de relato fantástico pero mayor enjundia tiene la segunda, que se centra en historias cortesanas y sentimentales con cierto contenido erótico. No en balde, algunos estudiosos han definido a esta segunda parte del texto con el curioso apelativo de “porno goyesco”.
A juzgar por la formación racionalista de Potocki y su carácter erudito, nadie hubiera podido pensar que diese rienda suelta a su fantasía de ese modo. Pero era una personalidad inescrutable que terminó sus días encerrado en su pequeña posesión de Uladowka, entre sus libros y aquejado de una profunda neurastenia que acabaría por llevarlo al suicidio: finalmente, el dos de diciembre de 1815, se encerró en su biblioteca y se descerrajó un tiro. No es un mal final romántico para un hombre de la Ilustración.
Fuente: ‘El Mundo’.
Foto: Scalleja.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.