En la obra de todo poeta, aunque atraviese diferentes etapas, existe una coherencia y unidad que le confieren los rasgos propios del estilo de su autor. Hay muchos creadores que han atravesado distintas fases en su producción –modernista, intelectual, o surrealista, por ejemplo-, pero en cada una de ellas subyace la unidad estilística y humana de la persona que escribe.
No obstante, esto no es igual de fácil de percibir en todos los poetas: la producción de unos resulta más unitaria que la de otros. Y, sin duda, uno de los primeros, aquéllos cuyos escritos albergan mayor unidad, es el norteamericano Walt Whitman (West Hills, Long Island, Nueva York, 1819-1892), considerado, además, uno de los más grandes poetas de su país y referente para la lírica posterior.
Nacido en el seno de una familia numerosa, comenzó pronto a trabajar, desempeñando todo tipo de trabajos –desde obrero en una imprenta a profesor- hasta dedicarse al periodismo, con el que, por cierto, obtuvo escaso éxito. Incluso escribió una novela, Franklin Evans, que pasó absolutamente inadvertida.
Durante la Guerra de Secesión fue enfermero voluntario y recorrió los campos del país compenetrándose con el hombre que lo poblaba, con el que su poesía logra tan perfecta identificación. Al acabar la contienda, obtuvo un cargo ministerial en Washington, del que fue cesado al considerar procaz su poesía. Retirado en Camden, vio con estupor –hombre sencillo como era- crecer a su alrededor una leyenda de gran poeta que nunca buscó.
Whitman fue un lector voraz y un lírico autodidacta. Realmente, sólo escribió un libro, Hojas de hierba, que, publicado a su costa en 1855, fue creciendo con el tiempo a medida que el autor incorporaba nuevas composiciones. Por ello, en él cabe todo. El autobiografismo y la identidad propia, la sexualidad, la Naturaleza, el ser de la joven nación norteamericana o la armonía de todos los hombres son algunos de los temas que podemos contemplar.
La parte más importante del libro es, probablemente, la que se agrupa bajo el título de Canto a mí mismo. Pero en la obra poética de toda una vida cabe, como decíamos, casi de todo y, por ello, la composición más conocida es la titulada ¡Oh capitán, mi capitán!, que se haría famosa al aparecer en la película El club de los poetas muertos.
Pero, además, Whitman supone un avance de la poesía hacia la modernidad. Sus versos largos y paralelísticos, que recuerdan a los salmos bíblicos, el estilo escueto y un tanto retumbante de rima libre y el tono profético, exaltado en muchas ocasiones, otorgan a esta obra permanente actualidad.
Podéis leer la obra en la siguiente página: Hojas de hierbas, Walt Whitman.
Fotos: Monumento a Walt Whitman: MCS @ Flickr en Flickr | Retrato de Whitman: Dbking en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.