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Poesía
Poesía de la generación del 27

‘Hastío’ de Juan José Domenchina

Exploración de un ocio con tedio
Gonzalo Valdivia Dávila
07:30h Martes, 05 de mayo de 2009
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Ernestina de Champourcin y Domenchina

Ernestina de Champourcin y Domenchina

Juan José Domenchina (Madrid, 1898-1959), fue otro poeta de la generación del 27, en su poema ‘Hastío’ se muestra una afirmación de la decadencia y el tedio de vivir en un mundo donde el arte ocupa el lugar del ocio, y se hace difícil proclamarlo como forma de vida. El ocio tiene un lado contingente: el hastío, como un tope a la productividad de las horas desocupadas de carga cotidiana. Estamos acostumbrados a concebir el ocio como una ruptura con la rutina, desde una actitud de descanso y como una opción de refresco para la persona empírica.

El hastío puede producir una situación de desacomodo con la realidad, la cual es modificada y combinada con los elementos del sueño en el surrealismo, al que Domenchina estuvo cercano. El concepto del ocio y hastío en Domenchina toma del spleen y del flâneur de Baudelaire, donde el tedio crea en las personas la necesidad de pasear por las ciudades sin una intención concreta y determinada. El flâneur hastiado para la literatura es aquel intelectual  letrado, que siente que no encaja en una sociedad donde su actividad escapa al promedio y a la norma.


Un yo poético habituado a ocios turbios

"Juan José Domenchina"

"Juan José Domenchina"

Por momentos el yo poético se rinde al tedio porque sabe que es la única forma de disponer del ocio que él busca, la exploración en lo humano, en lo empozado en el alma que aflora en su poesía, revelando esas fuerzas del inconsciente que son consideradas en la poética surrealista.  El reconocimiento de la oscuridad de los ocios hace que el poeta sucumba en un punto en que ya ha tocado fondo y se cuestiona hasta el sentido del placer estético, incluso está pronto a abandonar todo afán creador, a no interesarse por la vida diaria, sin buscar nada que hacer.

El hastío es como un dios insondable que no le hace caso, que lo comprende pero es indolente con él y tiene el poder para incitarlo al abandono de su ser, oprimiéndolo. El yo poético configura un flâneur abatido por un ocio que ya no le significa el interés al que estaba acostumbrado, también se siente pequeño ante un tedio cuya causa conoce pero no puede resistir. Este cansancio y abandono tiene que venir en un punto donde la experiencia ya está colmada de logros o fracasos y le resulta indiferente acumular más de esas sensaciones.

Las posibilidades del ocio son infinitas, aprovechadas dan color a la vida, mientras que el ocio turbio es lo más cercano al tedio, por ello retoma el tópico de poeta maldito como portador de un estilo de vida que le trae consecuencias negativas. A pesar de ello, la vida que lleva no le será fácil abandonar para enmendar su ánimo, sino que lo llevará a un aplastamiento mayor en lo que se ve cercano a una cosificación del yo atrapado en una entidad que sigue pensando y recreando su derrota y malestar, el derrumbe comienza en el intelecto y pasa al cuerpo.

El abandono de sí mismo

"Charles Baudelaire, introductor de los conceptos spleen y flâneur"

"Charles Baudelaire, introductor de los conceptos spleen y flâneur"

El yo poético enuncia una situación de ruina moral que lo llevará a la dejadez, la indolencia consigo mismo y su actividad. Esto ocurre solo en la ficción, pues la obra de Domenchina fue fecunda y amplia. El hastío es tiene la propiedad de sobrevolar al yo poético de estar encima de él como un pájaro que se lleva sus horas. El yo poético también se hace un dios de su derrumbe, para patentar una debacle total que lo deja sin capacidad de creación. El hastío es una entelequia que impone su existencia a los más vulnerables, que se rinden a su poder.

A partir del abandono se cancela el esfuerzo intelectual y físico, enunciado en el par intelecto y músculos, este momento es verbalizado como el ocaso del ser del poeta, que se identifica con el yo poético en un momento de depresión. Domenchina conoció las molestias físicas en un reumatismo que lo dejaba a veces inmovilizado, sobre este sufrimiento podría poetizar una situación de contingencia que supone un abandono del yo por la adversidad. En este abandono el yo poético proyecta un futuro estéril, sin mucha variedad que ofrenda al potente hastío.

Hay resignación en el yo poético al entregar el porvenir al hastío, en vez de que fuera una motivación para experimentar es causa de derrota, pretexto para sentirse doblegado. El yo poético está explorando el hastío intentando decodificarlo, lo tiene como una entelequia que ha cruzado su existencia con la suya. El hastío es una existencia suprasensible que impregna al yo de su ser causante de abatimiento, es el derrumbe poetizado, no hay una variante al goce como en Baudelaire que invita al Carpe Diem a su amada al contemplar ‘una carroña’.

La exploración del hastío
El yo poético tiene la intención de decodificar la dimensión del hastío, dar cuenta de su naturaleza y verbalizar el efecto que causa en su ser, sin embargo no dice todo porque deja algo para el lector. El hastío en tiempos de Baudelaire era un pretexto para volverse flâneur y pasear la vida sin mayores complicaciones, abandonando en parte el compromiso con la rutina y la responsabilidad. En el poema de Domenchina, el paseo del flâneur se vuelve un intrincado recorrido por una mente que conceptualiza el pesar del ser en la que está inserta.

La libertad de un escritor se vendría a cuestionar en este hastío que acaba con la soltura de vivir al margen de normas preestablecidas. Un escritor que abandona su oficio llega a contradecir su propio ser, se minimiza y se anula. El ocio y el hastío en este poema es oscuro, en tanto la oscuridad pueda representar una nada o ausencia que envuelve los restos de vitalidad y voluntad del yo poético. Este poema breve y bien logrado se presta a muchas elaboraciones, la de la exploración del hastío y el abandono del ser es una de todas ellas.

Conclusión
Este poema cuestiona la continuidad de un placer que puede venir del ocio, pues siempre el rumbo y el orden revelan una mejor disposición de la vida, en tanto uso del esfuerzo y el intelecto. Lo que pueda realizar un poeta maldito con su libertad puede acabar por un límite contingente al espacio y tiempo en que está situado. El yo sin ganas, abatido por una oscuridad que lo envuelve va a conceptualizar en sus versos sobre la exploración del hastío como una entelequia que tiene fuerza para oprimirlo y sobre el abandono de su ser.

Lectura del poema |’Hastío de Juan José Domenchina en Geocities.com

Imágenes:

Champourcin y Domerchina en Estaticos02

Domenchina en Elecohernandiano

Baudelaire: Jadc01 en Flickr

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