Mucho antes de ser conocida por la República instaurada en ella tras la Primera Guerra Mundial, la ciudad alemana de Weimar fue famosa por coincidir en ella una serie de grandes pensadores y literatos cuya contribución es esencial para comprender el Romanticismo alemán.
Entre éstos se encontraban Herder y Wieland, pero, sobre todo, Johan Wolfgang von Goethe y Friedrich Schiller. La conjunción de todos ellos dio lugar al llamado Sturm und drang –en castellano, podría traducirse como Tormenta e impulso-, un movimiento que, con su exaltación de lo subjetivo y las emociones, enterraría el Racionalismo imperante y abriría el camino al Romanticismo.
Sin embargo, la carrera profesional de Schiller (Marbach am Neckar, 1759-1805) no parecía inclinarse por las letras. Médico militar, ocupó varios destinos antes de ser nombrado Consejero de Weimar y entrar en contacto con el ambiente cultural de la ciudad. Curiosamente, aunque se conocieron antes, Schiller y Goethe tardaron en trabar amistad. Los que habrían de contarse entre los más grandes dramaturgos alemanes de todos los tiempos no congeniaron del todo bien en principio. Quizá fueran rencillas de genios.
Si bien la obra del segundo abarca otros géneros, la de Schiller es, fundamentalmente, teatral. Escribió un buen número de dramas, casi todos con idéntico sentido: la defensa de la libertad frente a la tiranía de los poderosos, con la intención de formar y educar al pueblo. Así sucede en Don Carlos o Wallenstein.
Buena muestra de ello es, también, Guillermo Tell, que cuenta la sublevación de los cantones suizos contra el despótico Gobernador impuesto por Alberto I de Habsburgo, a fines de la Edad Media. El héroe popular es Guillermo, un valiente cazador que, tras ofender al regente, es obligado, como cruel castigo, a disparar una flecha sobre una manzana situada en la cabeza de su propio hijo. Aunque acierta, es enviado a prisión. Pero se fuga y jura matar al Gobernador.
Ante la aparición del héroe, todos los cantones se sublevan, incluyendo entre sus huestes tanto a ricos como a pobres y, tras derrotar a los invasores, esperan el castigo imperial pero éste no llega porque el Emperador ha sido asesinado por su sobrino Juan.
Por tanto, se trata de una exaltación de la libertad de los pueblos sometidos, tema en el que podemos apreciar cuánto había ya de romántico en aquellos precursores, pues precisamente éste será asunto primordial y preferido entre los propios del Romanticismo.
Podéis leer la obra aquí.
Fotos: Schiller: Jan Arkesteijn en Wikimedia | Weimar: FirstBaptistNashville en Flickr



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