Los movimientos que pretendían revolucionar la creación poética se sucedieron a ritmo vertiginoso durante los primeros años del siglo XX. Un cierto hastio de bellezas formales, muchas veces vacías de contenido, y un afán intelectual condujeron a los líricos del momento hacia una poesía experimental en busca de nuevos caminos. Son las llamadas Vanguardias y no solamente afectaron a la literatura, sino también a las demás artes.

Guillaume Apollinaire
De entre todos aquellos creadores, si hubo alguno especialmente activo, éste fue el italiano Guillaume Apollinaire (Roma, 1880-1918). Hombre inquieto, cuando arribó al París de la gran bohemia, ya había desempeñado varios trabajos de diversa índole. Pero fue en la capital francesa, en aquellos momentos un volcán en erupción artística, donde adquirió un nombre entre los círculos intelectuales.
Allí fundaría, junto a Picasso y Braque, el Cubismo, uno de aquellos movimientos de vanguardia que –si en pintura suponía la descomposición de la realidad en líneas geométricas en virtud de la captación intelectual, no sensorial, de los objetos-, en literatura trataba de deshacerla para luego reconstruirla libremente, mezclando conceptos y frases tomadas al azar. Así surgirían sus famosos caligramas, poemas en que la especial disposición de las palabras o los versos forman imágenes visuales.
Pero si en poesía Apollinaire fue un revolucionario, en muchos de sus textos en prosa, prácticamente desconocidos, se muestra como un tradicionalista. En efecto, sus relatos presentan una estructura absolutamente clásica, sin ningún tipo de innovación formal o interna.
Así sucede en el cuento titulado El marinero de Ámsterdam, narración breve que hoy calificaríamos como de terror psicológico. Un bergantín holandés arriba al puerto de Southampton procedente de Java. Uno de sus tripulantes es Hendrik Versteeg, quien, como ha hecho en otras ocasiones, baja a tierra para vender algunos animales y telas que ha traído de su viaje. Pronto encuentra un comprador para uno de los primeros, un loro, y el cliente lo invita a acompañarlo a su casa para ver las telas con mayor detalle.

Busto a Apollinaire realizado por Picasso
Pero, una vez allí, Versteeg se ve encerrado en una habitación desde cuyo tragaluz el singular comprador lo apunta con un arma. Siguiendo las instrucciones de éste, el marinero coge una pistola y descorre una cortina tras la que halla a una mujer atada a una cama. Había sido engañado para matar a una persona.
Como vemos, el terror no viene dado, en este relato, por situaciones sobrenaturales o inexplicables, sino por una situación perfectamente posible y ello lo hace aún más inquietante. Ello otorga mayor valor al texto, pues, por su brevedad, no es fácil conseguir este efecto, que, además, se halla remarcado por un ritmo narrativo rápido.
puedes leer la obra aquí.
Fotos: Apollinaire: Zuska en Wikimedia | Busto a Apollinaire: Jamie Anderson en Flickr

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1 Comentario en “Guillaume Apollinaire, un narrador desconocido”
En estas próximas fechas festivas en las que algunos tendrán tiempo libre, en lo mejor que pueden gastarlo es una buena lectura, especialmente de las que tengan pendientes. Las obras de Apollinaire son una buena elección. Pero lo que me resulta penoso es que haya libros difíciles de obtener. Por ejemplo, después de la demanda civil cursada por determinado partido político conservador contra Sergi Durà, y la coacción de la cadena de radio religiosa por antonomasia a las distribuidoras, la novelita ‘Coincidencias’, en la que se mezcla el sexo, las señoritas con minifalda y los políticos poco honrados, es un libro difícil de encontrar, ya que la copias distribuidas en la Fnac, el Corte Inglés y la Casa del Libro se han agotado o quitado de la venta; me he cerciorado. El dueño de Ambra, la pequeña librería que me lo ha conseguido, me ha dicho que, entre altas dosis de sexo, se burla sin clemencia alguna de políticos corruptos y de otras cosas. La novela no tiene desperdicio, pero para haceros con ella tendréis que encargarla. Es una pena que se obstaculice la circulación de algunas obras; da mucho coraje y le hace pensar a uno en qué país estamos.