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Sonetos

Góngora o la embriaguez poética

La lírica culterana
Luís Martínez González
11:25h Sábado, 13 de marzo de 2010
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A lo largo de la trayectoria del poeta, éste corre el riesgo de llegar a la ebriedad lírica, es decir, a profundizar y depurar tanto en su obra que, finalmente, sólo sea comprendida por él mismo y por unos pocos iniciados más. Los versos resultantes de este proceso resultan de una oscuridad absoluta para el lector común que, por no entenderlos, los desprecia.

Foto de un relieve con el rostro de Góngora

Relieve con el rostro de Góngora

Se trata de un caso bastante frecuente en la lírica, aunque no lo parezca, y les sucede tanto a poetas vulgares como a otros excepcionales. Uno de los ejemplos más notables de ello es el de Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561-1627), que lo llevó al extremo de dar lugar a una corriente literaria conocida como Culteranismo.

De familia aristocrática, estudió la carrera eclesiástica y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa y capellán real de Felipe III. Son proverbiales sus enemistades literarias, que muchas veces llegaron a lo personal. Se enfrentó con Lope de Vega, pero su gran enemigo fue Francisco de Quevedo, con quién intercambió constantes letrillas satíricas –de éste es la famosísima ‘Érase un hombre a una nariz pegado’, dedicada al cordobés- que muestran una enemistad que va más allá de lo puramente literario.

Como decíamos, la lírica gongorina recorrió un proceso de depuración que le hizo alcanzar extremos de dificultad pocas veces igualados en sus obras mayores, como la Fábula de Polifemo y Galatea o en las Soledades. Son estos textos comprensibles sólo para unos pocos eruditos e iniciados en la obra del cordobés, puesto que están repletas de alusiones cultas, de hipérbatos, de juegos de palabras complejos y todo ello revestido de una sintaxis latinizante.


Estas obras provocaron la reacción de los literatos de su época, que los despreciaron y bautizaron su estilo con el citado membrete de Culteranismo, con un sentido despectivo. No obstante, en honor a la verdad, debe decirse que también tuvo seguidores, entre los que se cuentan poetas tan relevantes como el Conde de Villamediana y Sor Juana Inés de la Cruz.

Foto de la mezquita de Córdoba

Vista de la famosa mezquita de Córdoba, ciudad natal de Góngora

Pero antes de ello, Góngora cultivó profusamente el soneto. Y es en ellos –a nuestro juicio- donde se encuentran sus más hermosas composiciones. Mucho más sencillos de comprender que sus poemas posteriores, incluyen todo tipo de temas, desde amorosos hasta satíricos, pasando por los religiosos, laudatorios o de circunstancias. Poseen una extraordinaria calidad estética y exploran diferentes recursos expresivos.

A modo de curiosidad, diremos que Góngora –sin duda, un extraordinario poeta- fue menospreciado durante mucho tiempo y sería rehabilitado por la Generación del 27, que lo tomó como modelo y que tiene en la celebración del tercer centenario de su muerte uno de sus hitos fundacionales.

Podéis leer una recopilación de sus sonetos aquí.

Fotos: Relieve de Góngora: Carlos Viñas en Flickr | Mezquita de Córdoba: Alli_Caulfield en Flickr

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