Es proverbial que los ingleses pronuncian muy mal su idioma –y no digamos los americanos-. Dicho con todos los respetos, no respetan ni una sola regla de su fonética. Por ello, cuando un visitante arriba a las islas británicas dispuesto a dejar impactados a los pobres nativos con el caudal de Inglés que acaba de adquirir, su sorpresa es mayúscula al comprobar que no les entiende una palabra.

George Bernard Shaw
Y, si esto es así ahora, hace un tiempo debía ser mucho peor aún, pues no pocos escritores lo denunciaron en sus obras, argumentando que ni los mismos súbditos de Su Graciosa Majestad se entendían entre sí.
Uno de ellos fue el ilustre dramaturgo George Bernard Shaw (Dublín, Irlanda, 1856-1950), quién, al parecer, legó en su testamento una parte de su fortuna a una fundación que se encargaría de dar a conocer la fonética inglesa. Y también aborda el tema en su comedia Pigmalión.
Según la mitología griega, Pigmalión llevaba mucho tiempo buscando a la mujer perfecta para casarse. Como no la hallaba, esculpía hermosas estatuas. Entonces, la diosa Afrodita, conmovida, dio vida a una de ellas, Galatea, para que Pigmalión tuviese esposa.
A semejanza de la leyenda griega, también en la obra del escritor irlandés el protagonista educa a una muchacha, convirtiéndola en una señorita, y termina admirado de ’su creación’.
Henry Higgins es un profesor de fonética que, a la salida del Covent Garden, queda abrumado escuchando lo mal que habla una hermosa florista llamada Liza. Lo comenta con su amigo, el coronel Pickering, y ambos deciden establecer una apuesta: Higgins deberá convertir a una florista en una dama de la alta sociedad en el plazo de seis meses. Entonces, casualmente, aparece Liza, que desea recibir clases de dicción y el profesor decide educarla y así ganar la apuesta.

Una escena de 'My fair lady'
Pero las cosas no serán tan fáciles. Aunque la joven es inteligente y aplicada, también es un espíritu rebelde y le cuesta asimilar las normas de la alta sociedad. Entretanto, aparece el padre de Liza, que quiere sacar tajada de la situación aunque es expulsado. Todo ello desespera a Higgins.
Por fin, consigue convertirla en toda una dama pero ella, al descubrir que todo era una apuesta, monta en cólera y se escapa a casa de la madre del profesor. Éste, aunque no es amor lo que siente, no puede apartarse de ’su creación’ y va en su busca. Pero Liza ya puede volar por su cuenta y le surgirán fogosos enamorados.
Sin duda, se trata de una comedia tierna de Shaw, en la que destaca la encantadora personalidad de la florista pero también presenta numerosos momentos cómicos, sobre todo durante las clases que la muchacha recibe de su huraño profesor. En suma, una excelente obra, llevada varias veces al cine y de la que se hizo el musical My fair lady.
Podeis leer la obra aquí.
Fotos: Shaw: Paul Skin en Flickr | ‘My fair lady’: Alancleaver en Flickr

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