Biografía
Literatura española

Gaspar Melchor de Jovellanos y los avatares de la política

El accidentado periplo de un ilustrado
Luís Martínez González
16:00h Miércoles, 23 de noviembre de 2011
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La actividad política ha sido hasta tiempos muy recientes y en todas partes una profesión arriesgada. En un mundo cainita de facciones encontradas, quién un día se hallaba en la cima de su poder, al siguiente podía dormir en una mazmorra. Y ello con independencia de la honradez y buenas intenciones del personaje. Eso era lo de menos, bastaba caer en desgracia para hacerse acreedor a la prisión o aún a mayores penas.

Gaspar Melchor de Jovellanos fue una de las grandes figuras de la intelectualidad española que pasó por esa circunstancia. Nacido en Gijón el cinco de enero de 1744, se formó en las Universidades de Oviedo y Alcalá y, tras licenciarse, obtuvo la plaza de alcalde del crimen –una suerte de fiscal- en la Real Audiencia de Sevilla. Más tarde sería ascendido a oidor, es decir, a juez. Ya por entonces mantenía amistad con otros ilustrados como José Cadalso y Pedro de Campomanes.

Foto del Castillo de Bellver (Mallorca)

Una vista del Castillo de Bellver, donde fue confinado Jovellanos

Trasladado a Madrid y bajo la protección de éste último, paisano suyo, ocupa diversos cargos y participa activamente en proyectos modernizadores: forma parte de la comisión que puso en marcha el Banco de San Carlos (antecedente del actual Banco de España) y redacta su famoso ‘Informe sobre la Ley Agraria’. Asímismo, ingresa en las Academias de la Historia, de la Lengua y de Bellas Artes de San Fernando.

Sin embargo, con el estallido de la Revolución Francesa, el Rey Carlos IV, ya de por sí poco dado a las luces, trata de apartar de su lado a todos los reformistas. Tras ser encarcelado su amigo Cabarrús, Jovellanos es desterrado de Madrid y regresa a Gijón. En una Asturias apartada de las intrigas de la Corte, trata de proseguir con sus ideas y funda el Real Instituto de Náutica y Mineralogía, llevando a cabo, además, estudios sobre la extracción de una materia prima entonces casi intacta en su tierra: el carbón.

Sin embargo, en 1797, Manuel Godoy le vuelve a llamar a Madrid, primero con la oferta de ser embajador en Rusia y, ante su negativa, para ser Ministro de Gracia y Justicia. Tan sólo duró en el cargo nueve meses, tras los que regresaría de nuevo a Gijón. Es entonces cuando se inicia su verdadera pesadilla: una delación anónima, acusándole de ser partidario de las ideas afrancesadas y que era absolutamente falsa, terminó con su detención e ingreso en la mallorquina Cartuja de Valdemosa y después en el Castillo de Bellver. Tras ello estaba Godoy, que deseaba terminar con los ilustrados. Así de compleja es la política. El mismo que lo había nombrado ministro ahora lo encarcelaba. De allí saldría Jovellanos derrotado y enfermo. Murió, tras negarse a colaborar con José Bonaparte, el veintisiete de noviembre de 1811.

Fuente: Foro Jovellanos.

Foto: Carlos Reusser Monsálvez.

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