La poesÃa no es, a nuestro juicio, el mejor vehiculo para plasmar ideas polÃticas y sociales. Para ello, existen otros géneros, como el ensayo. Sin embargo, durante unos años –los centrales del siglo XX- se intentó mostrarlas a través de ella. Es lo que se conoce como poesÃa social.

Gabriel Celaya
Fue un craso error, pues, al margen de mÃnimas excepciones, los resultados fueron decepcionantes: una lÃrica prosaica, tendenciosa y estéticamente pobre. Afortunadamente, sus cultivadores pronto se dieron cuenta de ello y abandonaron estos temas.
Y es que el género –a nuestro modo de ver- nunca puede ser mayoritario, como pretendÃan, ya que el lenguaje poético es, por definición, connotativo. En el, las palabras escapan de su significado real para cargarse de contenidos metafóricos o simbólicos y ello dificulta su comprensión. Además, lo estéticamente bello debe estar presente; de lo contrario, no estaremos ante poesÃa, sino ante otra cosa.
Los dos grandes adalides de esta corriente fueron Blas de Otero y, sobre todo, Gabriel Celaya, quienes, durante unos años, trataron de hacer llegar la poesÃa ‘a la inmensa mayorÃa’, en palabras del primero, y convertirla ‘en un instrumento para cambiar el mundo’, en las del segundo. Para conseguirlo, se obligaron a simplificar su obra y ello supuso un desperdicio de su indudable talento.
Gabriel Celaya (Hernani, Guipúzcoa, 1911-1991), pese a sus estudios de ingenierÃa industrial, vivió desde muy joven el ambiente literario, nada menos que en la Residencia de Estudiantes, al lado de autores de la talla de GarcÃa Lorca o Moreno Villa. Aunque ya antes de la Guerra Civil habÃa publicado un primer volumen de poesÃas titulado Marea del silencio, casi toda su obra se desarrolla tras aquélla.

Una calle de Hernani, villa natal de Celaya
En efecto, después de unos años sin publicar, en 1947, aparecen La soledad cerrada y Movimientos elementales, que habÃan sido escritos con anterioridad y suponen una continuación de las ideas estéticas del Surrealismo.
Viene a continuación Tranquilamente hablando, compendio de composiciones que se inscriben en la temática existencial en boga pero cuyo incipiente prosaÃsmo ya anticipa su intención de convertir la poesÃa en un género mayoritario. Por esos años funda, además, la colección de poesÃa Norte, encomiable intento de enlazar con la lÃrica de la Generación del 27.
Pero, en los años cincuenta, llega la marea de la literatura social, las más de las veces una forma de encubrir el adoctrinamiento polÃtico con formas literarias, en la lÃnea del realismo socialista. Y, junto a escritores escasamente dotados, otros que sà lo estaban y mucho sucumbieron a la moda. Uno de los más activos de éstos últimos fue Celaya, que, durante unos años desperdició asà su fuerza poética. Sus Cantos Ãberos constituyeron una auténtica Biblia de la corriente.
Pronto abandonarÃa, por suerte, junto a su compañero de aventura Blas de Otero –otro poeta extraordinario- esta lÃnea para acercarse a una poesÃa de tinte experimental, con Campos semánticos.
En suma, Gabriel Celaya, galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1986 y a pesar de su intento social, es un poeta multiforme y rico que constituye un excelente muestrario de las diversas tendencias de la lÃrica española de la segunda mitad del siglo XX.
Podéis leer una antologÃa de sus versos aquÃ.
Fotos: Gabriel Celaya: Bushido Devill en Flickr | Hernani: La Máquina de sonrisas en Flickr