
Sylvia Plath
El paso del tiempo ha sido una preocupación recurrente en las mentes depresivas, la contingencia del cambio es motivo de horror, más cuando se ve la edad avanzada como pérdida de vitalidad y belleza, en vez de ganancia de experiencia. Hay formas de contemplar el cambio, lo usual es el lamento del yo poético, más no la reflexión de un ente tercero a este proceso. En el poema Espejo de Silvia Plath, una mujer es reflejada a diario en un espejo que la divide en una línea de tiempo, donde esta persona ha sido una muchachita y está en potencia a convertirse en una vieja que se asoma como un pez feroz. Antes de este vaticinio, el espejo reflexiona sobre su ser y su posición en el espacio, pues en él se instala la voz del yo poético.
En poemas como ‘Lady Lazarus‘, se reveló la depresión de Plath, junto a su impulso suicida, sin embargo, esta confesión no desdibuja en absoluto la sensibilidad de la poeta, que pone a la mujer joven aún, como objeto de estudio de una conciencia suprasensible, en este caso, su propio espejo. El espejo no está libre de angustia, porque él siente el tedio de estar pegado a una pared, que parece una extensión de su materia, al extremo de cosificarse con ella y solo distraer este pensamiento cuando una persona se refleja en él. La mujer día a día expresa sus emociones, como sentirse gratificada ante el espejo al agitar sus manos o derramar lágrimas.
El futuro visto desde la monotonía y fatalidad
El espejo solo es testigo de los cambios físicos de la mujer, no da cuenta de sus quehaceres, lo que permitiría inferir si es feliz o no. Como el espejo está fijo y permanece inmutable, sin malograrse por el tiempo como la piel humana, su conciencia proyecta el devenir del tiempo a la fatalidad. El espejo se define como una especie de ventana, el ojo de un pequeño dios, cuadrangular, él está ahí para reproducir lo que está fuera de él. Su forma pasa las dimensiones a su forma plana, capturando el movimiento, que entiende como una emanación del tiempo, rumbo al cambio. Por otro lado el espejo se considera un observador neutral que no distorsiona la imagen ni por amor o desagrado.
El espejo es como un recipiente, prácticamente no tiene esencia, el sigue inmóvil, no cambia, solo lo que está fuera de él, además es testigo del tiempo. Para el espejo es fatal el cambio, porque él es inmune a este proceso, no lo siente o no le afecta. En su espacio no hay una fuerza que ponga en peligro al espejo, su integridad está asegurada, por ello su continuidad es lo que lo presenta como imperturbable.
El espejo siente el tiempo como un devenir hacia la fatalidad, mientras él siente que en tanto recipiente de formas y figuras es imperturbable, de su inmovilidad surge su continuidad. Por otro lado al hallarse suspendido es como una mente contemplativa, que analiza a la mujer que se mira en él a diario en su tránsito al envejecimiento, sólo por que antes se reflejó en él jovencita.
Foto: Silvia Plath por Adrianwagstaff en Wikipedia

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.