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En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust

Un impresionante trabajo sobre la memoria y la percepción sensorial
Andrea Jaén
10:08h Sábado, 15 de mayo de 2010
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Primer tomo de la ingente obra

En busca del tiempo perdido es una obra difícil a la vez que apasionante. Ante la imposibilidad de catalogarla, de someterla a un juicio constreñido basado en los géneros, han sido muchos los que han decidido erigirla como una de esas ingentes obras a las que se les atribuye el estatuto de “universal”. De manera similar a La comedia humana de Balzac, Marcel Proust escribe los siete tomos que conformarán su proyecto: Por el camino de Swamm, A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes, Sodoma y Gomorra, La prisionera, La fugitiva y El tiempo recobrado. Proust añade un plus de esfuerzo por parte del lector al componer una escritura de frases largas, al mismo tiempo que incluye el elemento muerte como motor para hacer avanzar el relato.

En busca del tiempo perdido trata precisamente de eso: del tiempo. Pero una temporalidad estrechamente relacionada con la memoria individual. Esta manera de comprender el tiempo incide en la formación de las identidades, de la sociedad y de las relaciones que se establecen entre cada uno de los miembros de la misma. El primer tomo, Por el camino de Swann se abre con un pequeño microrelato dentro de la estructura general, que a día de hoy continua siendo célebre. En él, Proust rememora uno de los mejores episodios de su infancia: el dia que se comió una deliciosa magdalena. Las sensaciones que la memoria guarda de aquel momento son una forma de realidad que Proust considera totalmente válida. Con unas influencias fuertemente impresionistas, la realidad para el escritor es sinónimo de percepción. Las percepciones de un Proust niño se revelan a través de su memoria, y son parte de su realismo identitario.

En esta misma linea se sitúa el segundo de los tomos: A la sombra de las muchachas en flor. Aquí, las relaciones entre realidad y percepción son mucho más claras, al ser el protagonista un pintor impresionista. Publicada en 1919, el libro recibió el prestigioso premio Groncourt. Si en Por el camino de Swann estamos ante el mundo de la niñez, aquí nos adentramos en los vericuetos de la adolescencia y de sus sensuales descubrimientos. Del mismo modo en cada uno de los tomos, la memoria, con sus verdades laberínticas, se pondrá de manifiesto. Una memoria que es la rebelación parcial de una realidad subjetiva.

Fotografía del autor, tomada en 1900

Pese a ser una obra eminentemente instrospectiva y autoreflexiva, los temas sociales no se dejan de lado. De este modo, las pugnas de poder y las rencillas entre diferentes estratos de la sociedad se hacen evidentes, sobre todo entre la aristocracia, la burguesia y los siervos. Al mismo tiempo, temas de actualidad como el Caso Dreyfuss quedan reflejados. La pérdida de la madre, los tabús sexuales y la homosexualidad como un sentimiento doloroso son otros de los aspectos. Es más, sería el mismo Marcel Proust el que utilizase el término “invertido” para referirse a la homosexualidad masculina.

Foto de Proust por Wikipedia Commons en Wikipedia

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