El enriquecimiento que, para la lírica española, supuso la Generación del 27 es enorme. De hecho, sus miembros son, en buena medida, responsables de que su época sea considerada la ‘edad de plata’ de la literatura española –la ‘de oro’ la serían los siglos XVI y XVII- y sus aportaciones han guiado los pasos de toda la poesía posterior.
Pocas veces han coincidido en el tiempo tantos y tan extraordinarios autores, unidos por rasgos comunes pero también diferenciados por las propias inquietudes y estilos de cada uno. Desde la abstracción de Jorge Guillén, pasando por la angustia vital de Dámaso Alonso, hasta la sentimentalidad de Pedro Salinas, todo lo humano está presente en ellos, al igual que todas las corrientes poéticas.
Uno de los que presenta mayor variedad y riqueza en su obra es el cántabro Gerardo Diego (Santander, 1896-1987). En efecto, casi todos los tonos, temas y estilos se hallan presentes en ella. Su sólida formación académica –fue durante muchos años catedrático de lengua y literatura- le permitía estar al tanto de todas las innovaciones que se venían produciendo en la lírica desde fines del siglo XIX, al tiempo que conocer bien la obra de los clásicos.
Además, como profesor, recogió y publicó una excepcional Antología del grupo, en la que están presentes todos sus compañeros y algún otro poeta estimable, aunque más alejado estéticamente de ellos.
Como decíamos, la principal característica de la obra de Diego es la variedad, que él mismo explicaba así: “yo no tengo culpa de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela –nueva- para mi uso particular e intransferible”.
Pero, además, en su caso, esta diversificación de temas y estilos presenta otra peculiaridad: su carácter paralelo. En efecto, si otros poetas atraviesan distintas etapas en su producción, Diego es capaz de escribir a un tiempo audaces poemas vanguardistas y composiciones del más riguroso clasicismo, obras de contenido religioso y otras de temática taurina.
Con todo, podemos distinguir dos vertientes en su larga trayectoria –como decíamos, simultáneas-: por una parte, lo que se ha denominado poesía ‘de creación’, presidida por el vanguardismo –fue uno de los principales representantes del Creacionismo en España- y, por otra, la poesía ‘de expresión’, de formas clásicas y temas variados.
A ésta segunda pertenece el poema Ella, en el que, bajo la forma de la preterición –es decir, fingir que no se va a expresar algo que luego se dice-, el autor nos enumera las cualidades de su amada, descritas al más puro estilo clásico. De hecho, muchos de los tópicos más ancestrales del género -lánguida mirada, hermosas trenzas- aparecen en la composición. Pero ello no disminuye la excelente calidad del poema.
Podéis leer el poema aquí.
Fuente: Fundación Gerardo Diego.
Fotos: Monumento a Gerardo Diego: Ecemaml en Wikimedia | Santander: José Javier Maqueda en Arte y fotografía.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.