Era muy común en los poetas románticos la sensación de hallarse oprimidos en el mundo, es decir, la percepción de que la sociedad coartaba sus aspiraciones y deseos de realización personal. Considerándose seres elevados, la vida cotidiana, a la que consideraban mediocre, los asfixiaba.
Ello explica su interés por épocas pretéritas y, sobre todo, el gusto por seres marginales que se aprecia, por ejemplo, en poemas de Lord Byron o en los de Espronceda y de los que don Juan resulta el perfecto prototipo.
Esta concepción del mundo se ha repetido en muchos poetas posteriores de distintas tendencias. Se aprecia a la perfección en la obra lírica de Rubén Darío y los modernistas, en el Vanguardismo e incluso en algunos miembros de la Generación del Veintisiete.
Entre estos últimos, hay uno en quién este rasgo inconformista resulta muy evidente. Se trata de Luis Cernuda (Sevilla, 1902-1963), excepcional poeta que constituye, además una singularidad dentro de su generación ya que, si bien en sus inicios se ve influido por las corrientes poéticas en boga –lírica pura, vanguardismo-, pronto alcanza una voz propia e inconfundible.
Junto a su admirado Salinas, Cernuda es el gran poeta del amor de la Generación del Veintisiete y ello lo entronca en una tradición secular que se inicia con Garcilaso de la Vega, pasa por los alemanes –Hölderling y Heine- y llega hasta Bécquer, todos ellos modelos privilegiados del sevillano.
Pero lo verdaderamente personal en Cernuda es su estilo caracterizado por la levedad del ritmo y de la rima y, sobre todo por un lenguaje sencillo de tono coloquial, que huye de la retórica y de las imágenes brillantes para ceñirse a la intimidad dolorida del poeta. Con todo ello obtiene una lírica densa y plena de sugerencias.
Buena muestra de todo ello es el bello poema El viento y el alma, en el que Cernuda expresa con toda claridad esa percepción de sentirse oprimido -a que antes aludíamos- mediante la comparación. El poeta escucha el viento de la noche golpear en los cristales y se siente prisionero. Pero no es éste quién lo mantiene encerrado, sino su cuerpo que impide a su alma volar libremente. Al igual que el temporal enclaustra al hombre, el cuerpo lo hace con las aspiraciones del alma.
Se trata, sin duda, de un extraordinario poema en el que Cernuda comprime, en unas pocas palabras, su frustración vital, la misma que contribuye a hacer de su lírica una de las más originales del siglo XX.
Podéis leer el poema aquí.
Fuente: Terra.
Fotos: Casa natal: Anual en Wikimedia | Baudelaire: ¡Oh, no! en Flickr.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
buena oportunidad