Teatro, clasicos
Teatro romántico

‘El trovador’, de Antonio García Gutiérrez

La venganza como excusa vital
Por Luís Martínez González, en 29 de Marzo de 2009

El movimiento romántico, iniciado a principios del siglo XIX en Inglaterra y en Alemania -con las teorías de los hermanos Schlegel- supuso una revitalización del idealismo frente a las tendencias racionalistas del siglo anterior. Del mismo modo, las rígidas normas estéticas neoclásicas son violentamente rechazadas en beneficio de la libertad creadora.

Antonio García Gutiérrez

Antonio García Gutiérrez

En nuestro país, el Romanticismo se desarrolla tardíamente a causa de la Guerra de la Independencia y la inestabilidad política y social de los años del reinado de Fernando VII.Será necesario esperar al retorno de los exiliados, en 1833, para que el nuevo movimiento se instaure definitivamente en suelo español.

Pero, desde 1834, con el estreno de ‘La conjuración de Venecia’, de Martínez de la Rosa, hasta 1844, fecha de ‘Don Juan Tenorio’, de Zorrilla, los dramas románticos se suceden a un ritmo vertiginoso.

Sin duda, los nombres que se nos vienen a la memoria al pensar en la literatura de este periodo son los de Zorrilla, Espronceda o Larra, los más conocidos. Pero hay muchos más. Y, de entre ellos, uno de los destacados es, sin duda, Antonio García Gutiérrez (Chiclana, Cádiz, 1813-1884), poeta, costumbrista y, sobre todo, dramaturgo de gran éxito, que legó algunas obras de muy buena factura: ‘El trovador’, ‘Venganza catalana’, ‘Juan Lorenzo’ o ‘Simón Bocanegra’ se encuentran entre ellas. Casi todas ellas pertenecen al drama histórico, pero también escibió comedias de enredo, melodramas y zarzuelas.

‘El trovador’ fue estrenada en el Teatro del Príncipe el uno de marzo de 1836, con un éxito clamoroso. Su fuente principal es la ‘Crónica de Juan II’, de Pérez de Guzmán, pero también toma elementos del ‘Macías’, de Larra; de ‘Lucrecia Borgia’ y ‘Hernani’, de Víctor Hugo; y de Dumas.

Situada en la Zaragoza del siglo XV, con el trasfondo de los enfrentamientos nobiliarios acaecidos en ese periodo, cuenta la venganza de la gitana Azucena sobre la familia Artal, que ha mandado quemar a su madre por bruja.

Para lograr sus propósitos, rapta al hijo menor de éstos, de corta edad, y lo cría como suyo. Cuando el muchacho, llamado Manrique –el trovador- crece, adquiere cierta posición y se enamora de una joven noble, Leonor, a quién también pretende Nuño, hijo de los Artal y, por tanto, hermano de Manrique, aunque ninguno lo sabe. A la rivalidad por la mano de Leonor se añade el enfrentamiento político, pues cada uno pertenece a uno de los bandos enfrentados.

Torre del trovador, Palacio de la Aljafería, donde se desarrolla gran parte de la obra

Torre del trovador, Palacio de la Aljafería, donde se desarrolla gran parte de la obra

Cuando se corre la voz de que Manrique ha muerto en batalla, Leonor se prepara para tomar los hábitos, pero, tanto Nuño como el trovador –que no ha muerto- intentan evitarlo. No lo consiguen, pues, cuando Manrique llega, ella ya ha hecho sus votos. El trovador rescata la muchacha del convento y huyen, pero son asediados por las tropas del de Artal.

Entonces, le llegan noticias de que su madre, Azucena, ha sido apresada por espía y por raptar a uno de los hijo de la familia Artal. Manrique decide ir a Zaragoza para rescatar a su madre y es capturado por Nuño y condenado a muerte.

En el último acto, los acontecimientos se precipitan.. Leonor toma un veneno y ofrece a Nuño casarse con él si libera a Manrique. Aquel cede, pero el trovador, al descubrir lo que ha hecho la joven, se niega a ser puesto en libertad. A partir de aquí, no debemos contar más, pues leer una obra cuyo final ya se conoce pierde encanto.

El drama es un clarísimo ejemplo de teatro romántico, ya que contiene todos los ingredientes propios de éste. Así, el marco temporal es la Edad media; la decoración es, por una parte, suntuosa –palacios nobiliarios, castillos con reminiscencias árabes- y, por otra, terrible –campamentos militares, oscuros calabozos-; abundan las escenas nocturnas, las rivalidades pasionales, los raptos, venenos, muertes….

Un teatro de la época romántica

Un teatro de la época romántica

Del mismo modo, el protagonista, Manrique, es un arquetipo del héroe romántico: de origen desconocido –como, por ejemplo, el Don Alvaro del duque de Rivas-, es un enamorado que no puede llevar a buen fin su relación con Leonor por la oposición de un rival malvado y traicionero y terminará ajusticiado. Incluso, en la línea de estos héroes, es un personaje plano, un estereotipo, es decir, no es un carácter individualizado con profundidad humana, sino un ente canónico.

Igualmente, como no podía ser menos tratándose de este tipo de obras, se recurre frecuentemente a gritos, exclamaciones, frases grandilocuentes y todo tipo de efectismos verbales, aunque no faltan los pasajes líricos. Se multiplican los escenarios de la acción y no se respeta lo que los neoclásicos llamaban ‘unidad de tiempo’, es decir, que la trama se desarrolle en un marco temporal reducido, puesto que se producen saltos cronológicos incluso de hasta un año.

Giuseppe Verdi, quién hizo una ópera de esta obra

Giuseppe Verdi, quién hizo una ópera de esta obra

Es asímismo indudable que el tema de la venganza llamaba poderosamente la atención de García Gutiérrez, ya que está presente –aparte de ésta- en otras de sus obras, como la citada ‘Venganza catalana’. En este sentido, quizá sea ésta lo más destacable de la obra y, con ella, el personaje de la gitana Azucena. Raptó a Manrique de niño para matarlo y así vengar el asesinato de su madre. En ese momento se apiadó de él y lo crió, pero su sed de venganza se conservó latente durante años hasta llegar al momento culminante.

A nuestro juicio, sin menoscabo de su calidad literaria, hoy la obra resulta desfasada. Debemos tener en cuenta que el Romanticismo, al tiempo que es un movimiento rupturista, que abrió la literatura a nuevos caminos, también dio lugar a una serie de modas de estilo que duraron lo que sobrevivió él mismo y que, por lo exageradas, a los lectores de fechas posteriores nos resultan carentes de interés e incluso, a veces, ridículas.

No obstante lo dicho, la obra resulta interesante y su lectura agradable, pues, si nos olvidamos de las citadas modas, está bien construida, con una gradación hacia el climax perfectamente lograda y con un estilo personal y cuidado. Sin duda y, aunque sólo sea como ejemplo de una etapa de la literatura, es un drama muy recomendable, mucho mejor que algunas obras actuales que pasan por obras maestras.

Fotos: García Gutiérrez: Escarlati en Wikipedia | Torre del Trovador: Escarlati en Wikipedia | Teatro romántico: Andreas Praefcke en Wikipedia | Verdi: ArtMechanic en Wikipedia

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2 Comentarios en “‘El trovador’, de Antonio García Gutiérrez”

1

la verdad esta muy bonitio

2

Sugiero que revisen el resumen, pues quien no conoce de memoria la obra, no logra entenderlo.
Los datos no son precisos.

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